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Frida Khalo

¿Qué otra cosa se puede hacer con el dolor que pintar de la mano de él? ¿Qué se puede hacer con la bronca ante el ser amado que no sea otra cosa que esperar a su lado que el pendejo se dé cuenta lo mucho que se le quiere? Estas parecen ser las preguntas con qué Frida, aún a riesgo de parecer maleducada, le respondería a cualquiera que quisiese cuestionarle por pintarse así misma cuando lo que urgía era la pintura comprometida o por permanecer junto a un elefante que le ponía los cuernos incluso con su propia hermana.

    Cuestiones como estas no hacen otra cosa que confirmar lo contradictorio que pueden ser el proceder de quien crea y ama sin esperar necesariamente agradar a un partido o a un consenso social ni político. Contradictorio que Frida sea recordada por pintar su realidad y no andar inventando las realidades que otros con más suerte que ella únicamente soñaban. La reivindicación de los colores, de los accesorios de su tierra, el anhelo de las ideas intelectuales que por entonces recalaban desde Europa a las revolucionarias tierras de Zapata y de Villa.

    Rehuir de adrede la idea de belleza que alaban todos en beneficio de aquellos sentimientos que las mujeres tienen que guardarse solo para sí mismas. Pocas hicieron por entonces de sus males un lenguaje tan personal y a la vez tan universal; pocas entendieron que algunas personas nacen para tornar dolor en amor, para sobreponerse a lo que el chueco destino insiste en decirles que fue escrito para ellas.

    Frida Kahlo es borrador y obra maestra de una vida que ella vivió y pintó en la medida que le permitían sus porfías. Inspiración y ejemplo para aquellas que viven según sus sentimientos sin tener que andar dándole explicaciones a hombre ni a mujer alguna. Puro coraje, pasión con nombre y apellido de mujer que bien sabía que algunos hombres también son capaces de amar como pueden amar algunas mujeres. Es cosa de darles tiempo a los muy tontos.      
 

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