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El Piano (1993)

Raras, muy raras son las películas que se hicieron hace años tomando en cuenta la sensibilidad femenina y que aún sean recordadas. El Piano, de Jane Campion, con absoluto derecho puede formar parte de esta selecta lista. Escrita y dirigida por una mujer, protagonizada por Holly Hunter, Anna Paquin (en un debut que prometía mucho más de lo que finalmente pudo ser), Sam Neill Hervey Keitel; es la historia de una mujer viuda que debe dejar su Escocia natal para ir a vivir a Nueva Zelanda debido a un nuevo matrimonio arreglado por su padre. Esta mujer decidió dejar de hablar desde niña. Trae consigo a su hija y un piano. Se comunica a veces por medio de su hija y a veces por medio de la música de su piano. Su nuevo esposo no tiene ninguna intención de llevar el piano hasta su casa, un vecino que se identifica mucho más con la tribu originaria que con su propia raza, lo conserva y le ofrece a la mujer dejarla ir a su casa a tocar el piano a condición de que él la pueda tocar a ella. Le pide que le enseñe a tocar tan bello instrumento a la vez que comienzan una relación que, lo intuíamos, tiene que terminar mal.

Angustia, rabia, machismo y porfía femenina a destajo. Una niña expuesta a las niñerías de tres adultos. Una película que no decide del todo si transitar por lo políticamente correcto, lo erótico o lo dramático y sin embargo nos cautiva en lo que dura. No esta demás reparar en las tremendas actuaciones de las dos y los dos protagonistas, los paisajes, la estética victoriana y la belleza de la música que acompaña a escenas que recordaremos por mucho tiempo. Puede ser que la grandeza de películas como ésta se halle en que hoy sería imposible filmar historias así. Es una obra que no concede espacio a sensibilidades no fogueadas, una oportunidad de enterarse de una vez que las mujeres pueden desear mucho más que ser esposas e incluso madres.

Las mujeres hace muchos años intentan hacerse un espacio en la industria del cine, hace muchos años que son los hombres quienes prevalecen y terminan por dictar lo que es o no es exhibido. De tanto en tanto, como para darle un calmante a aquella urgente necesidad de expresión femenina, se generan espacios, muy pequeños espacios para que sean las mujeres las que propongan lo que les gustaría que los que vemos cine pudiésemos ver. Escribo acerca del cine de calidad por cierto, no de la industria que busca lucrar con aquello que es lo políticamente rentable. Por cierto que se hace muchas más películas sobre lo que los hombres piensan que quieren ver las mujeres, pero películas como el piano, les puedo asegurar que ya no se hacen.  





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