Ir al contenido principal

Patricio Manns

La semana pasada al fin pudo quedarse dormido Patricio Manns, sin la necesidad de tener que despertar más. Dice su hija que las últimas semanas estaba tranquilo; que habían recuperado parte del tiempo perdido. Este enorme baluarte de nuestra cultura hace rato que no estaba de ánimo para pelear...pelear como pelean algunos que no es otra cosa que demostrar con palabras bruscas lo mucho que quieren a quienes deciden querer. Porque no hay amor mas terco que el amor de alguien que ha aprendido a amar peleando por conservar su fragilidad.

En 1971; el hombre en cuestión publicó un disco que me gusta mucho. Canciones que definen de algún modo el camino que este periodista-poeta-músico-escritor había decidido recorrer. Alguna vez le escuché decir que a él no le gustaba cantar sobre sí mismo; que le gustaba cantar las historias de otros. Otros que en sus últimos meses - ya sin el amor que él había determinado que era el amor de su vida - le habían hecho cercana y distante compañía. Esos otros y esas otras le otorgaron lo que la cultura gubernamental le negó.

A nadie le debiese extrañar que aquellos que viven, aman y mueren contrariando a aquellos otros que pactan. Que con su vida averguenzan a quienes premían o reconocen tengan vedados el público reconocimiento. Los tristes funcionarios le siguen teniendo miedo a los hombres lobos...casi tanto como le temen a las mujeres lobas...aunque nunca tanto. En este disco que cuento el hombre le canta a Edurne, nos vaticina que Mórimos solos, se acuerda de la Exiliada del Sur habiéndose ganado con propios sufrimientos sus marcas de exiliado. Declara que aquel que no puede ser asesinado tiene un nombre y que Su nombre ardió como un pajar. Se acuerda de Tamara Bunke como en otras tardes recordó a otras casi tan bellas como ésta que ahora recuerda. 

Es en este disco que el hombre le pide a su compañero más confiado No cierres los ojos provocándome a mí, muchos años después, una pena grande, muy grande al imaginar que, dos años antes del horror, el hombre pudo prever que el poder tan esperado muy pronto sería de nuevo arrebatado a aquellos que fueron a las elecciones a ganar. Hubo traición, dolor y lecciones por aprender...esa es una historia que a quienes pelean con nuevas porfías no se les debiese olvidar jamás. Herido, desgastado...dueño de tantos dolores propios y ajenos nos sigue mirando a través de La ventana desde la cual nos miró cuando no andaba en el sur profundo, fundido en las minas o remecido por el frio viento que le porfiaba a su porfía en la cordillera. 

Y cómo podía terminar un disco de uno que casi estuvo a la altura de la más grande que haya pisado alguna vez esta tierra que no fuera sumido en la nostalgia de Valdivia en la niebla...¡qué canción más hermosa!, más hermosa, poética y tan propia de quienes han venido a amar aunque bien lo disimulen. Cuando el hombre pudo dormirse tranquilo, quizás por primera vez después de tantos desvelos, de tantos sueños que no pretendió nunca que fueran solo sueños suyos, escribía yo sobre la importancia de vivir. Patricio Manns no cabe la menor duda de que vivió una vida plena...acompañado hasta el último minuto por quienes lo quisieron...algunos desde muy cerca y otros desde los rincones más olvidados. Rincones que él nunca olvido. Desde allí lo acompañaron hasta el final aquellos que tuvieron sus letras para no morir tanto cuando por ellos nadie daba ni un peso. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...