Ir al contenido principal

Tres Colores (1993-1994)

    Pocas veces necesito volver a ver una película para comentarla. Imaginen cuando son tres. Cuando esas tres son películas que recuerdo con un entrañable respeto que, sin temor alguno, pudiese ser cariño. La primera vez que vi a Juliette Binoche fue en Bleu, la primera vez que vi a Julie Delpy fue en Blanc...a Irene Jacob, adivinan, la primera vez que la vi fue en Rouge. Era yo por entonces un adolescente y de las tres me enamoré. En un cuaderno de liceo guardé una foto recortada, no recuerdo de dónde de Julie Delpy que por cierto es la única de las tres que no es la protagonista de la película en la que aparece. Estas divagaciones que escribo no son más que preámbulos intentando dilatar el momento en que deba explicar que, más de veinte años después, me he vuelto a enamorar...pero esta vez del bello trabajo de Krzysztof Kieslowski, de la música de Zbigniew Preisner, las actuaciones, la relación entre las tres historias y los tres colores de la bandera francesa y sus altos ideales de libertad, igualdad y fraternidad que entre seres humanos suelen ser tan difíciles pero no imposibles.
 
En Bleu observamos el intento  por desprenderse de su vida de una mujer que pierde a su esposo y a su hija en un accidente de tránsito. No puede lograrlo, intenta al menos librarse de todo sentimiento...tampoco lo logra porque es una buena persona, una persona que cree haber alcanzado, de la peor manera por cierto, aquella libertad que todos buscamos. En Blanc un inmigrante lo pierde todo debido a la imposibilidad de consumar su matrimonio. Se ve obligado entonces a empezar de nuevo desde lo más bajo, volver al lugar donde empezó y a recuperar a la mujer que, a pesar de ser la raíz de su desgracia, es la mujer a la que él ama. Todo esto en nombre de una igualdad que no ha sido nunca y nunca será entre las personas (mucho menos entre las de distinta nacionalidad). La trilogía termina en lo más alto, con la historia de una estudiante y modelo que atropella a la perra de un casi inexpresivo a la vez que desencantado juez retirado que oye las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Juntos constituirán una de las más bellas amistades (fraternidad) de la historia del cine.
 
Tres instancias humanas, tres historias muy difíciles de olvidar tomando en cuenta las cotidianas decepciones. El más alto legado de un director que de algún modo pudo intuir que estas serían sus últimas películas. Es notoria la dedicación en cada una de ellas...el amor a sus personajes y a los detalles, el sentido del humor y la delicadeza con que fueron abordados los distintos personajes en las tres películas por las tres bellas actrices y por los actores que tuvieron a su cargo a los personajes masculinos. Mención muy, pero muy especial para Jean-Louis Trintignant que consigue un juez retirado que primero nos molesta y termina por enternecernos, que se re-encanta de la vida al mismo tiempo que lo hacemos nosotros que presenciamos en los minutos finales de la última de las tres películas una conclusión que no puede ser otra cosa que esperanzadora.
 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...