Ir al contenido principal

Underground (1995)

Si bien es cierto, una película o un documental dirigido por Emir Kusturika nunca me pasa inadvertido, Underground es, de sus trabajos, mi favorito. Un carnaval de comienzo a fin que tiene uno que otro momento serio y más de alguna frase ("Una guerra no es una guerra hasta que un hermano mata a otro hermano") o imagen a la altura de las más grandes en materia de simbolismo (la del tigre y el ganso, por citar una). La pelicula, que por cierto a algunos bosnios no les gustó, nos presenta a dos traficantes que pasan por héroes del comunismo yugoslavo debido a una seguidilla de malos entendidos que nos hacen reir a la vez que nos podrían indignar. 

La presencia de animales, nazis, comunistas y gente común y corriente de todas las edades, la maravillosa a la vez que contagiosa música tan propia de una parte importante del cine de Emir Kusturica desde Tiempos de gitanos (1985) cautiva a la vez que emociona. Política con un profundo sentido del humor que nos facilita el transito por una película que no es precisamente corta (y eso que existe una versión corta para cines) y que una vez llegamos a los créditos finales nos deja una sensación entre mágica y surrelista.

Es de esas películas premiadas y conocidas a partes iguales, que no pasa inadvertida si se ve con amplitud de criterio y donde los defectos tan propios de nosotros los seres humanos se ven ridiculizados por la sabiduria de un mono que es a la vez sabio que torpe. Una pareja de amigos que parecen no ser tan amigos, una actriz que no termina nunca por definir qué es lo que realmente quiere, un hermano que idolatra a su hermano y un conjunto no menor de imágenes con un muy alto contenido de poesía que se quedan con nosotros desde el primer visionado de la película.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...