Ir al contenido principal

The Wall Mapu

Seguramente no habrán sido pocos ni pocas aquellos y aquellas que fuimos captados por la "traviesa" portada de este libro. No pocos ni pocas los que sonreímos ante la genial ocurrencia de relacionar aquella obra capital de la música rock perteneciente a la banda inglesa Pink Floyd con un tema que, para malestar de algunos, a todos los que habitamos estas tierras nos pertenece. Tema polémico a la luz de la evidente urgencia de las nuevas autoridades que se forjaron así mismas al calor del fogón que quemará a no pocos cuando nos dé por acordarnos que los llegados somos nosotros y no ellos, que habían sido puestos y puestas en una bolsa grande donde se guardaban todos aquellos vestigios o evidencias de que no fuimos, ni somos, ni seremos nunca una extensión de las Europas.

 No conocía a Pedro Cayuqueo antes de leer este libro. Es decir, lo ubicaba, no en vano se hace mención de él como una autoridad en libros sobre los asuntos mapuches y yo había visto las portadas de sus anteriores libros con un innegable interés en librerías y cunetas. Me hizo muy bien adentrarme en sus mundos a través de los artículos de diversos diarios que se reúnen en el primer libro que tengo la ocasión de leer de este autor que es didáctico a la vez que informativo. Una opción más que válida para aquellos que busquen alejarse de aquellos textos más catedráticos propios de otras editoriales más relacionadas con estos temas sociales y culturales, por no decir políticos, que no pocos quisieran obviar. 

Cumple con su función la relación que hace el autor de las preocupaciones y esperanzas de una nación ignorada y vilipendiada por años de esa Historia que poco a poco va dejando de ser oficial con asuntos más mundanos, por llamarlos de alguna manera. Asuntos y temas que nos parecen bastante más abordables y fáciles de entender a quienes no somos "autoridades" en el asunto. Traveseo con el termino autoridad en el asunto porque no creo que Pedro Cayuqueo se vea a sí mismo como una autoridad, él es joven y evidencia una humilde necesidad de aprender de los antiguos que es algo no lo suficientemente valorado hoy en día por aquellos que se alejaron de lo que nos hacía che. No tengo la menor duda de que voy a intentar leer otros libros de este autor que a la vez que documentado, es consciente de la necesidad de hacer años de injusticia, mentiras y manipulaciones accesibles a aquellos y aquellas que miramos siempre con respeto a los dueños originales de una tierra que debe ser compartida desde la certeza de que las minorías nos enriquecen por más desarraigadas que puedan llegar a ser las mayorías.  


Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...