Ir al contenido principal

Reivindicación del rey Midas

Del director de cine Steven Spielberg suele decirse que es un rey Midas. Que cualquier película que dirija o produzca seguro es un éxito. La historia del rey Midas, si se entiende así la cosa, no se entiende muy bien. Déjeme que le cuente para que usted lea que la moraleja poco o nada tiene que ver con el exitismo que no pocos asocian con convertir en oro todo lo que se toca. 

Hace muchos siglos gobernaba un rey llamado Midas. Este rey tenía mucho más de lo que cualquier hombre pudiera desear. Vivía en un espléndido palacio cuyo mármol brillaba como una joya a la luz del sol y sus jardines de rosales eran los más hermosos de toda la región. Sin embargo, no apreciaba lo que tenía.

Un día, mientras recorría su inmenso jardín, se encontró con un sirviente que había perdido su camino. El extraviado era el sirviente preferido del dios Dionisio. El rey Midas decidió acogerlo en el palacio y tratarlo como a un noble.

Al terminar la visita, el sirviente emprendió su viaje de regreso al monte Olimpo, el rey Midas insistió en acompañarlo. Al llegar, se encontraron con el dios Dionisio, quien muy agradecido dijo:

—Buen rey Midas, has tratado con generosidad a mi sirviente. Te concederé cualquier deseo que tengas.

El rey Midas estaba encantado y sin tomarse el tiempo debido para pensar, respondió:

—¡Quiero que todo lo que toque se convierta en oro!

Después de arquear su divina ceja, el dios griego sacudió la cabeza con consternación al escuchar la extraña petición, pero mantuvo su promesa.

El rey Midas regresó a su palacio. Caminó a través de sus jardines tocando las hermosas rosas, inmediatamente estas se convirtieron en oro. La alegría del rey Midas no conocía límites.

Al llegar la hora de la cena, el rey tocó la silla y esta se convirtió en oro, igual sucedió con la mesa, el tenedor y los platos. Cuando se llevó un trozo de pan a los labios, este también se convirtió en oro.

—¿Cómo podré beber y alimentarme? —se preguntó.

El rey comenzó a llorar desconsolado, su alegría se había transformado en preocupación.

Justo en ese momento, la joven hija del rey corrió a la habitación para saludar a su padre. Al verlo llorar, le dio un abrazo y se convirtió en una hermosa estatua dorada. El rey Midas no podía creer lo que veía.

—¿Qué he hecho? —dijo entre lágrimas—. Mi codicia se ha llevado a mi hija.

Al escuchar sus plegarias, el dios Dionisio decidió que el rey Midas había aprendido la lección y le ordenó bañarse en un río :

—Las aguas del río y el cambio en tu corazón, devolverán la vida a las cosas que tu codicia convirtió en oro—, le dijo con severidad.

El rey Midas se bañó en el río dejando atrás las corrientes de oro que permanecen ahí hasta el día de hoy. Lo que había convertido en oro regresó a su forma natural.

El rey se sintió muy agradecido con cada abrazo de su hija, el perfume de las rosas y la suave textura del pan. Aprendió a apreciar lo que tenía y fue feliz como nunca lo había sido.

Ahora dígame usted si asociar el éxito económico con la historia del rey Midas es comprender la moraleja o una vez más no estamos comprendiendo bastante mal lo que la sabiduría milenaria nos quiere contar. ¿O será que son otros los que quieren que la entendamos mal?


Comentarios

Entradas populares de este blog

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui

  ¡ Vaya combinación...! Las sublimes letras de Atahualpa Yupanqui y la voz, en su mejor momento, de Mercedes Sosa, que interpreta como nadie a su compatriota. Una caudal de voz dulcemente contenido con la finalidad de cantarnos una de las poesías más profundas a la vez que sencillas que el continente americano alguna vez conoció. Doce intimas composiciones que en la voz de Mercedes Sosa se tornan en una dulzura que conmueve a la vez que ínsita a las reflexiones menos esperadas. También hay espacio para las voces de los escasamente escuchados; el folclor que trasciende esas tierras que le vieron nacer. Chacareras, zambas y milongas que conmueven enlazadas a las canciones que tanto dicen en cuanto a palabras e instrumentos. Si de citar algunas de las memorables interpretaciones se trata, soy amigo de destacar Piedra y camino, Guitarra dímelo tú, Los hermanos y Duerme negrito, aunque es importante decir que escuchar el disco completo es un acto de abrazo a si mismos; un abrazo que ab...

Frases XXVIII (Umberto Eco)

 " Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles". "El saber no es como la moneda, que se mantiene físicamente intacta incluso a través de los intercambios más infames; se parece más bien a un traje de gran hermosura, que el uso y la ostentación van desgastando". "No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias". "Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en saberlas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas". "El diablo no es el príncipe de la materia, el diab...