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La música (II)

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Los Beatles (según supe después) eran (y son al momento que escribo estas palabras) una de las mejores y más importantes bandas de música de la historia para no pocas personas y especialistas. Averigüé todo cuánto pude sobre ellos. Busqué sus canciones en la radio, le pregunté a no pocos adultos que conocía y mucho antes de lo que me esperaba estaba convencido de que no simplemente me gustaba una o dos de sus canciones, sino que me gustaban todas.

    Fue por entonces que supe que la música puede cambiar la manera como vemos al mundo, porque aunque no entendía nada de lo que escuchaba, no podía dejar de estar contento. Es necesario aclarar que las radios en aquella época programaban principalmente las canciones movidas de las bandas inglesas y una que otra canción de amor de esas lentas pero pegajosas. Mucho después supe que la banda que tanto me gustaba había revolucionado al mundo de la música, pero no con aquellas canciones, sino que con otras canciones que tardaría una buena porción de años en escuchar.

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    En las poblaciones que frecuentaba durante mi infancia se oía mucho una canción llamada El cigarrito. No era en lo más mínimo una canción rebuscada y la voz del interprete transmitía mucha sinceridad a través de sus palabras a pesar del carácter triste de su letra y de su música.

Me contaron en aquellos años que quien cantaba era Víctor Jara; que era un cantautor que había sido acribillado por los militares poco después del golpe de Estado que había instaurado la dictadura bajo la que estaba nuestro país. Decían que le habían molido sus manos a golpes, que su delito no era otro que cantar. Entonces supe que la música no solo servía para estar alegres, que la música también puede incomodar a quienes ostentan el poder.

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    En las emisoras de radio más exitosas de todos los tiempos siempre se pudo y se podrá escuchar aquella música que a los que ostentan el poder no les incomoda para nada. Más allá de las canciones que están de moda siempre me llamaron la atención las canciones antiguas.

    Quise escuchar más canciones como las que cantaba Víctor Jara pero salvo en una que otra emisora clandestina estas canciones, insisto, no podían ser escuchadas. Las canciones antiguas sí, tenían incluso programas en donde las personas pudiesen recordar su infancia y adolescencia oyendo sobre todo canciones que habían sido muy famosas en Estados Unidos. A mí siempre me gustaron las que se parecían a las canciones de los Beatles; poco o nada sabía por entonces quiénes o qué era lo que cantaban; lo que para mí sonaba (aunque en inglés) de maravillas era lo que quería escuchar todo el rato. De aquella atípica infancia se me quedaron prendadas a los poros canciones como (*) El león duerme esta noche (The Lion Sleeps Tonight) de los Tokens, Médico brujo (Witch Doctor) en la versión de Alvin y las ardillas, Sueño californiano (California Dreamin) en la versión de The Mamas and The Papas o Saltando el palo de la escoba (Let's jump the broomstick) cantada por Brenda Lee que son canciones que, claramente hoy entiendo, no dicen nada pero innegablemente forman parte de la banda de sonido de mi infancia. 




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(*) Escribo el significado de las canciones en español como una manera de reverenciar el idioma en que hablan quienes leen esta entrada. No tengo ningún inconveniente en escribir los nombres originales en inglés, pero en lo personal siempre me ha incomodado cuando en los libros aparecen citas o párrafos en un idioma que no puedo leer. Para los puristas del lenguaje están los nombres de las canciones en su idioma original entre paréntesis. (N.A)

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