Ir al contenido principal

La música (II)

* 

Los Beatles (según supe después) eran (y son al momento que escribo estas palabras) una de las mejores y más importantes bandas de música de la historia para no pocas personas y especialistas. Averigüé todo cuánto pude sobre ellos. Busqué sus canciones en la radio, le pregunté a no pocos adultos que conocía y mucho antes de lo que me esperaba estaba convencido de que no simplemente me gustaba una o dos de sus canciones, sino que me gustaban todas.

    Fue por entonces que supe que la música puede cambiar la manera como vemos al mundo, porque aunque no entendía nada de lo que escuchaba, no podía dejar de estar contento. Es necesario aclarar que las radios en aquella época programaban principalmente las canciones movidas de las bandas inglesas y una que otra canción de amor de esas lentas pero pegajosas. Mucho después supe que la banda que tanto me gustaba había revolucionado al mundo de la música, pero no con aquellas canciones, sino que con otras canciones que tardaría una buena porción de años en escuchar.

**

    En las poblaciones que frecuentaba durante mi infancia se oía mucho una canción llamada El cigarrito. No era en lo más mínimo una canción rebuscada y la voz del interprete transmitía mucha sinceridad a través de sus palabras a pesar del carácter triste de su letra y de su música.

Me contaron en aquellos años que quien cantaba era Víctor Jara; que era un cantautor que había sido acribillado por los militares poco después del golpe de Estado que había instaurado la dictadura bajo la que estaba nuestro país. Decían que le habían molido sus manos a golpes, que su delito no era otro que cantar. Entonces supe que la música no solo servía para estar alegres, que la música también puede incomodar a quienes ostentan el poder.

***

    En las emisoras de radio más exitosas de todos los tiempos siempre se pudo y se podrá escuchar aquella música que a los que ostentan el poder no les incomoda para nada. Más allá de las canciones que están de moda siempre me llamaron la atención las canciones antiguas.

    Quise escuchar más canciones como las que cantaba Víctor Jara pero salvo en una que otra emisora clandestina estas canciones, insisto, no podían ser escuchadas. Las canciones antiguas sí, tenían incluso programas en donde las personas pudiesen recordar su infancia y adolescencia oyendo sobre todo canciones que habían sido muy famosas en Estados Unidos. A mí siempre me gustaron las que se parecían a las canciones de los Beatles; poco o nada sabía por entonces quiénes o qué era lo que cantaban; lo que para mí sonaba (aunque en inglés) de maravillas era lo que quería escuchar todo el rato. De aquella atípica infancia se me quedaron prendadas a los poros canciones como (*) El león duerme esta noche (The Lion Sleeps Tonight) de los Tokens, Médico brujo (Witch Doctor) en la versión de Alvin y las ardillas, Sueño californiano (California Dreamin) en la versión de The Mamas and The Papas o Saltando el palo de la escoba (Let's jump the broomstick) cantada por Brenda Lee que son canciones que, claramente hoy entiendo, no dicen nada pero innegablemente forman parte de la banda de sonido de mi infancia. 




                       ________________________________________________

(*) Escribo el significado de las canciones en español como una manera de reverenciar el idioma en que hablan quienes leen esta entrada. No tengo ningún inconveniente en escribir los nombres originales en inglés, pero en lo personal siempre me ha incomodado cuando en los libros aparecen citas o párrafos en un idioma que no puedo leer. Para los puristas del lenguaje están los nombres de las canciones en su idioma original entre paréntesis. (N.A)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...