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El Artista (2011)

 La primera vez que vi la película (verano del 2012) me pareció interesante. Venía precedida de muy buenos comentarios, cargada de premios y con diez nominaciones a los premios de la academia de cine de ese año. Recuerdo que no le encontré mayor gracia a hacer lo que ya habían hecho, de manera magistral, otros renombrados directores que por cierto habían rodado obras sobre lo mismo y justo esas obras me gustaron mucho. La segunda vez (ayer por la noche) más de diez años después de haberla visto por primera vez, las referencias o copias ya no me molestaron tanto y pude disfrutar el melodrama mudo con el que el director francés Michel Hazanavicius había cosechado tantos elogios. 

Una película en el año 2011 no dejaba de ser pretencioso, como pretenciosos serían los musicales que se comenzaron a filmar algunos años después con la excusa de la nostalgia por la "magia" del cine de antaño pero resulta si quien la ve se entrega a la historia de un actor del cine mudo en decadencia y del tremendo éxito de una nueva actriz (que nunca dejo de ser una gran admiradora del artista caído en desgracia) en los albores del cine hablado. Me parecen bastante convincentes ambos protagonistas (Jean Dujardin y Bérénice Bejo) y es más que acertada la inclusión de algunos "rostros" del cine norteamericano en papeles secundarios. La duración es adecuada para alcanzar a disfrutarla y la historia se hace bastante entretenida y evoca, sin duda, el tipo de cine que busca homenajear.

No es una historia de amor de pareja la que viven en bello blanco y negro George Valentín (Jean Dujardin) y Peppy Miller (Bérénice Bejo) es, en efecto, una historia de amor al cine. También es una historia acerca del miedo al cambio, sobre la prisión que conlleva la fama y cómo es que un personaje de éxito puede apoderarse del hombre que le ha dado el rostro. Una esposa ignorada, un chofer leal, un perrito encantador y un dueño de un estudio cinematográfico tan bonachón como buen negociante como parte de una historia que podría ser analizada concienzudamente o sencillamente disfrutada como una historia que no pudo ser una clásico instantáneo como se pensaba que lo sería hace más de diez años pero que no cabe duda que es una recomendación inobjetable para cualquiera que disfrute con el cine mudo, cualquiera que sea el año en que se haya filmado.









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