Ir al contenido principal

La lectura (VII)

                                                                      *               


E
ntre los libros que compraba con el dinero que mi mamá me daba de lo que yo ganaba trabajando en la feria, vendiendo diarios o haciendo algunos trabajos ocasionales para alguna de las vecinas, mis predilectos eran los de la editorial española Bruguera. Eran libros de bolsillo; aventuras en el oeste, casos de detectives o historias de ciencia ficción escritas al por mayor por escritores que usaban distintos seudónimos para abarcar una demanda de lectores por entonces muy excesiva.

    Leía aquellos libros con una extraña avidez de hallar aquello que no encontraba en la televisión; no eran libros que se pudiesen después recordar, pero fueron para mí lo que son hoy las series de televisión para los niños menores de diez años.

 

**

    Me fascinaban también (sobre todo después de los diez años) unos mini libros que de tanto en tanto encontraba entre los puestos de la feria. Pertenecían a Quimantú; una editorial que había sido creada durante la Unidad Popular para poner al alcance de la clase trabajadora libros muy económicos y con la cual, por supuesto, la dictadura había terminado. Estos libros eran pequeñas joyas de grandes nombres de la literatura; los leía con sumo respeto, algunos títulos nunca los pude olvidar y fueron la llave de entrada a varios libros bastante más extensos que leería años después. Trataban de mundos íntimos, no pocas veces me transportaron a inolvidables travesías; los recuerdo porque eran mis mundos, mi refugio en aquellos años donde no había casi nada que fuera mío.      Aquellos libros fueron mis primeros libros, la semilla de una biblioteca que germinó en cualquier rincón donde habité.

    Por diversas razones no siempre los conservé, sin embargo, los años los trajeron de vuelta junto a otros libros esenciales que fui dejando por el camino. Muchos de estos mini libros los encontré nuevamente en persas y ferias de antigüedades. Hoy tengo los cincuenta y dos títulos que se alcanzaron a publicar. Estos libros son ventanitas a una época donde muchos de los adultos que me precedieron soñaron con un país mucho mejor, también a las tardes en que siendo niño conocí a autores que todos debieran alguna vez en sus vidas poder leer.



 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...