Es en extremo singular que el hombre más poderoso del mundo, entre los años 161 y 180 d. C, haya llevado consigo doce libretas de apuntes que nos lo develan como un filosofo estoico que no buscaba sino mantener claridad en materias que únicamente a él, como emperador de Roma, le era ineludible recordar. Durante el siglo X (plena Edad Media) un obispo (Aretas de Cesarea) queda prendado de estos manuscritos en griego y se propone hacer copias para gloria de otros que pudiesen llegar a leer estas cosas que el último de los llamados Cinco Buenos Emperadores había escrito para sí mismo.
Los aforismos redactados en los doce diarios a veces son muy fáciles de leer; otras veces requieren de varias relecturas para recién empezar a entenderlos; eso si es que alguna vez podemos, en verdad, entender ideas que originalmente estaban redactadas incluso usando diminutivos y términos que debían de ser leídos únicamente por su autor. Pero vaya a saber por qué el compendio de los doce diarios, presentado como un libro de no más de doscientas páginas, en una edición regular, terminó siendo un imprescindible de aquel y cualquier tiempo en que hayan existido o existan seres humanos.
Fiel representante del estoicismo, es comprensible que la lectura de estas reflexiones hayan sido tan bien referenciadas por ilustres de la Historia de la humanidad. Una actitud mesurada que le viene más que bien a los lideres de otras naciones bastante menos poderosas de lo que llegó a ser el imperio romano. Es verdad que tras su muerte y el periodo en que su hijo Cómodo estuvo a cargo del imperio todo empezó a ir cuesta abajo; de ahí que estos escritos, que fueron concebidos durante los últimos años de vida del emperador filosofo y en plena campaña militar, terminaran por constituirse en una obras tan señera para quienes buscan pensamientos elevados en los cuales inspirarse o hallar algo de consuelo frente a una visión pesimista de la existencia.
Marco Aurelio era profundamente espiritual pero no creía en la vida, mucho menos en la trascendencia después de la muerte. Vaya ironía una vez más de la vida que es una loca de remate... estamos hablando de escritos que no buscaban ser públicos y que los son desde el siglo XIV; época en que el poder de la iglesia católica comenzaba a decaer y las ideas centradas en la humanidad bebían de un pensamiento clásico (Grecia, principalmente y Roma representada en las ideas y normas que uno de sus tantos emperadores anhelaba poder seguir) que daría origen al humanismo y al renacimiento como punta de lanza de una nueva etapa en la Historia del pensamiento. No está de más acercarse a estos diarios de un pensador que llegó a ser muy poderoso y esperanzadoramente austero y exigente consigo mismo.

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