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La vida es una loca de remate (V)

Con Eduardo habíamos tenido bastantes conversaciones acerca de lo que debiese ser en contraste con lo que era. Yo tenía tantas preguntas como dudas con respecto a cuál debía de ser la actitud de un verdadero revolucionario en tiempos que los discursos que ayer habían justificado la acción se volvían discursos vacíos a la luz de lo corruptos que son aquellos que por medio de las distintas revoluciones han alcanzado el poder. Recuerdo lo desencajado del rostro de Eduardo, a quien de verdad llegué a considerar como a un hermano mayor, cuando le dije que de ninguna manera podría convencerme de que Fidel pasaba las penurias alimenticias que pasaban los cubanos que no pertenecían a la cúpula del partido. Porque como quiera que sea, aun arguyendo aquello de que el líder debe estar bien alimentado para poder guiar e iluminar a la patria…el hecho es que habiéndonos encontrado en una de las Fiestas de Los Abrazos celebradas por aquellos años aproveché para ilustrarle una de mis tesis.

    El verdadero revolucionario renuncia a los bienes materiales en beneficio de sus iguales (marginados, olvidados e ignorados de la historia), desprecia los bienes materiales que no son bienes de primera necesidad pues es del todo despreciable aquel que codicia más de lo que necesita. En vista de esto le convidé a mirar cuantos puestos había que vendían documentales, discos, libros y películas no consideradas comerciales. Los compañeros que vendían sus libros, copias de discos y de películas, grandes láminas en blanco y negro y en colores con los rostros de aquellos a quienes, por su ejemplo o por su consecuencia, debíamos recordar y respetar. ¿Dime si no quisieras tener mucho dinero para comprar la mayor cantidad de lo que aquí se vende y que reconocido, según nuestras convicciones, son bienes que nos imponemos como de primer orden? ¿Dime si no llenaríamos, plenos de dicha, estantes de libros que seguramente nunca terminaríamos de leer si tuviésemos el dinero para poder hacerlo, independiente de que otros siguiesen careciendo de un plato de comida, una cama o una salud digna? Me acuerdo de la cara de Eduardo que poco a poco se fue cansando incluso del sencillo hecho de intentar responderme. El consumismo se las arregla para aprovecharse de nuestra codiciosa naturaleza; quien pretenda ser revolucionario, anarquista o luchador social por nada lo debiese olvidar.     

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