Cuando terminé de ver la sustancia quedé paralizado. Los últimos minutos son "con todo". Como si la historia se hubiese contenido (y eso que durante los anteriores minutos, de los dos horas veinte que dura la película, no se está nunca realmente cómodo viéndola). Se acostumbra a decir que propuestas como ésta o las amas o las odias; lo curioso es que existan y todavía sea tan normal que las mujeres sientan que "se arruinan" en la medida que van cumpliendo años.
Una versión mejorada de ti misma; como si lo que se es no pudiese ser mejor de lo que antes se fue. Demi Moore deja la piel (irónico tomando en cuenta el contexto de la película) en el personaje Elizabeth Sparkle; Margaret Qualley logra que Sue resulte irritable. Dos versiones de una misma mujer...es probable que todos tengamos, al menos dos versiones y que esas dos versiones se peleen y quien pierda siempre se uno mismo. La sustancia lo expone de manera horrendamente divertida.
Puede ser que esta película, que se ampara en el mundo del espectáculo de la entretención, terminé siendo una más de aquellas obras que nos dicen a la cara lo que la mayoría insiste en no querer ver. Las mujeres continúan estando en desventaja, pero como escribiera Oscar Wilde, en una guerra contra sí mismas. Lo que debiese ser un drama se vuelve comedia cada cierto tiempo por culpa de los excesos de los que, intencionalmente, creo que está plagada la película. Coralie Fargeat ya lo había hecho en una de sus anteriores películas. La belleza del canon occidental cuesta muy caro. Hay otra belleza que nada tiene que ver con la problemática de la que pretende hacer eco esta historia de vanidades y banalidades. Esas mujeres y esos hombres que ya no sueñan, sino que son consientes de la mejor versión de sí mismos; esa versión que mientras más años cumplimos más cerca estamos de alcanzar; sin dudas disfrutaran mucho esta película...siempre y cuando no sean de criterios o estómagos demasiado sensibles.



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