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Ser niños

E n este momento…en este preciso momento un niño se las arregla para ganarle la diaria batalla a aquella persistente enemiga que es la miseria. La enfrenta resentido, incrédulo ante las bonitas palabras de sus maestros, receloso acerca del futuro y con una carencia enorme de bienes materiales que sabe ajenos por más que los necesite. Otros miles de niños arrastran a sus confundidos padres por los adecuados caminos de la redención ante el imperdonable pecado que constituye el abandono. Administran la culpa sin comprender del todo el por qué sus padres tienen que darles todo lo que ellos no necesitan. Siempre ha sido así, niños que esperan y niños que exigen. La culpa no es de los niños que criados en la cultura del consumo aguardan que el amor se les demuestre por medio de gestos materialmente concretos. No hay diferencia, no es mal que afecte solo a ricos ni algo que hoy sea lejano para los padres. Muchos padres están intentando enmendar el pasado en el presente de sus infante...

A todos les pertenecen los muertos

E n realidad, lo único que reúne a todo el pueblo es la muerte de alguien. Cuando alguien muere (casi siempre de manera trágica) todos se hacen presentes. Las chismosas del barrio lloran a los difuntos como si ellas fuesen las propias madres, los ebrios dejaban de beber por un rato, peinaban sus rebeldes greñas y buscaban los harapientos en sus cajones las mejores prendas. La campana de la iglesia llamaba al dolor compartido y por el largo camino de tierra caminaban todos, la mirada baja y el rostro contraído por la desgracia. Muere siempre gente, demasiada gente en el pueblo se muere al decir verdad. Los niños, aquellos son los que más duelen. Duelen porque sus muertes le arrebataban a las calles y los potreros un pedazo grande de aquella escasa alegría que en el pueblo pudiese existir. Las extrañas enfermedades en esos campos inexplicablemente sus galopes detienen. Males extraños, sombras en los ojos y accidentes día tras día. Nada de buena o mala hierba…en el puebl...

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj

P iensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es...

La informada desinformación

D e un tiempo a esta parte, aquellos que sufrimos de la angustiante necesidad de saber, hemos gozado de una inusual fiesta. Nunca antes hubo tanta información al alcance de nuestros ávidos ojos y acuciosos oídos. Como nunca abundan los libros, los documentales, los canales de cable, las páginas de Internet, los reportajes en los periódicos, las conversaciones bien encausadas. Pero tanta información paradójicamente nos amenaza con condenarnos a no saber nada en profundidad. Se puede ver a muchas personas en el transporte público leyendo (libros de moda mayoritariamente), oír las estaciones de radio que buscan por medio de la interacción con sus auditores entablar tribunas donde todos puedan decir lo que piensan, la televisión más que nunca utiliza sus espacios para hablar de lo que hacen otros; millones de personas están preocupados de postear todo aquello que hacen o dejan de hacer como si los demás no tuviesen cosas más importantes que saber. Las estadísticas cumplen co...

Ennio Morricone The Platinum Collection

J unto a John Williams, Ennio Morricone es autor de algunas de las melodías más recordadas del cine de los últimos cincuenta años. Podríamos agregar además que son dos estilos bien adversos; mientras el primero es y será siempre recordado por la música de grandes éxitos de taquilla como las sagas de Star Wars ó de Indiana Jones, Morricone tiene más bien relación con obras más clásicas de la historia reciente del cine. Discos con compilaciones de sus más famosas melodías hay varios, sin embargo el que nos ocupa en esta entrada tiene algunas características dignas de resaltar. La primera, sin duda radica en la cantidad.  Esta compilación está ordenada en tres discos con veinte composiciones cada uno. La segunda, el precio, cuesta lo que costarían dos discos con bastantes menos composiciones y si bien es cierto es muy difícil cuantificar el valor artístico de cada una de las piezas compuestas por este genio italiano, es un dato no menor al considerarla como tercera razón por la c...

Tiempos Modernos (1936)

S erá que siempre existe un precio ha pagar cuando un artista toma partido o que la risa efectivamente es el remedio infalible contra los peores males de la humanidad. Tiempos Modernos a mi parecer significó para Charles Chaplin asumir algunos riesgos que lo marcarían de por vida. El primero, hacer una película muda cuando al menos ya hacía casi 10 años que ya existía el cine sonoro, la segunda, hacer que su entrañable vagabundo Charlot se viese afectado por la histórica e innegable lucha de clases.Será como es entendible la última película en que el genial artista se valga de su inocente personaje. Es un justo precio ha pagar por la perdida de una inocencia que de todos modos no se podía seguir sosteniendo. Esta obra de arte levantó las inevitables sospechas de la paranoica censura que ve enemigos en todas partes. Chaplin se las arregla para dar su mensaje con poesía más que con panfletos. Es memorable la secuencia de la marcha de protesta encabezada accidentalmente por Charlot o aq...

El fútbol a sol y sombra

“La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo (…) el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie le da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez. El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, at...