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Los niños y la guerra

E s un tema que aunque se sabe que existe se toca poco. El derecho a una infancia que se ve trastocado por los interminables conflictos que se plantean entre sus adultos. Los niños y las niñas en medio de la guerra. Una entrada atípica para cerrar este mes dedicado a los niños del mundo, un vinculo a una página mexicana que contiene información para hacernos al menos pensar en el tema. Conversarlo con nuestros niños y educarlos para un mañana mejor. http://www.derechosinfancia.org.mx/Temas/temas_guerra1.htm

Los niños y el trabajo

H ay un artículo que leí en año 2007 y que aún puede ser encontrado en Internet. Daba cuenta de la realidad del trabajo infantil hace tres años atrás; me pregunto: ¿cuánto habrá cambiado esta situación?, ¿habrá mejorado?, ¿habrá empeorado?. Se puede preguntar tanto; lo que no se puede definitivamente es hacer la vista gorda ante una realidad que aunque en algunos países que presumen de desarrollo está todavía muy presente. Bueno, a continuación una transcripción del artículo para que cada uno de quienes lo lea saque sus propias conclusiones. Cuando este trabajo vea la luz, al amanecer de un día cualquiera, millones de niños del mundo habrán despertado, algunos para asistir a la escuela, y otros forzados a ganarse la vida de las maneras más diversas, incluso en trabajos considerados de alta peligrosidad. L a Convención sobre los Derechos del Niño prohíbe que se reclute a menores de 15 años De los casi 218 millones de niños mayores de 5 años de edad que trabajan en el planeta, casi el ...

Ser niños

E n este momento…en este preciso momento un niño se las arregla para ganarle la diaria batalla a aquella persistente enemiga que es la miseria. La enfrenta resentido, incrédulo ante las bonitas palabras de sus maestros, receloso acerca del futuro y con una carencia enorme de bienes materiales que sabe ajenos por más que los necesite. Otros miles de niños arrastran a sus confundidos padres por los adecuados caminos de la redención ante el imperdonable pecado que constituye el abandono. Administran la culpa sin comprender del todo el por qué sus padres tienen que darles todo lo que ellos no necesitan. Siempre ha sido así, niños que esperan y niños que exigen. La culpa no es de los niños que criados en la cultura del consumo aguardan que el amor se les demuestre por medio de gestos materialmente concretos. No hay diferencia, no es mal que afecte solo a ricos ni algo que hoy sea lejano para los padres. Muchos padres están intentando enmendar el pasado en el presente de sus infante...

A todos les pertenecen los muertos

E n realidad, lo único que reúne a todo el pueblo es la muerte de alguien. Cuando alguien muere (casi siempre de manera trágica) todos se hacen presentes. Las chismosas del barrio lloran a los difuntos como si ellas fuesen las propias madres, los ebrios dejaban de beber por un rato, peinaban sus rebeldes greñas y buscaban los harapientos en sus cajones las mejores prendas. La campana de la iglesia llamaba al dolor compartido y por el largo camino de tierra caminaban todos, la mirada baja y el rostro contraído por la desgracia. Muere siempre gente, demasiada gente en el pueblo se muere al decir verdad. Los niños, aquellos son los que más duelen. Duelen porque sus muertes le arrebataban a las calles y los potreros un pedazo grande de aquella escasa alegría que en el pueblo pudiese existir. Las extrañas enfermedades en esos campos inexplicablemente sus galopes detienen. Males extraños, sombras en los ojos y accidentes día tras día. Nada de buena o mala hierba…en el puebl...

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj

P iensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es...

La informada desinformación

D e un tiempo a esta parte, aquellos que sufrimos de la angustiante necesidad de saber, hemos gozado de una inusual fiesta. Nunca antes hubo tanta información al alcance de nuestros ávidos ojos y acuciosos oídos. Como nunca abundan los libros, los documentales, los canales de cable, las páginas de Internet, los reportajes en los periódicos, las conversaciones bien encausadas. Pero tanta información paradójicamente nos amenaza con condenarnos a no saber nada en profundidad. Se puede ver a muchas personas en el transporte público leyendo (libros de moda mayoritariamente), oír las estaciones de radio que buscan por medio de la interacción con sus auditores entablar tribunas donde todos puedan decir lo que piensan, la televisión más que nunca utiliza sus espacios para hablar de lo que hacen otros; millones de personas están preocupados de postear todo aquello que hacen o dejan de hacer como si los demás no tuviesen cosas más importantes que saber. Las estadísticas cumplen co...

Ennio Morricone The Platinum Collection

J unto a John Williams, Ennio Morricone es autor de algunas de las melodías más recordadas del cine de los últimos cincuenta años. Podríamos agregar además que son dos estilos bien adversos; mientras el primero es y será siempre recordado por la música de grandes éxitos de taquilla como las sagas de Star Wars ó de Indiana Jones, Morricone tiene más bien relación con obras más clásicas de la historia reciente del cine. Discos con compilaciones de sus más famosas melodías hay varios, sin embargo el que nos ocupa en esta entrada tiene algunas características dignas de resaltar. La primera, sin duda radica en la cantidad.  Esta compilación está ordenada en tres discos con veinte composiciones cada uno. La segunda, el precio, cuesta lo que costarían dos discos con bastantes menos composiciones y si bien es cierto es muy difícil cuantificar el valor artístico de cada una de las piezas compuestas por este genio italiano, es un dato no menor al considerarla como tercera razón por la c...