Ir al contenido principal

La escritura (VIII)

Yo había crecido rodeado de vendedores ambulantes, obreros de la construcción e indigentes. La política, la cuestión social y el amor se vive de una manera muy distinta entre ellos. Por aquellos años Las décimas de la Negra Ester de don Roberto Parra habían adquirido una fama inesperada y en el aire de nuevo lo popular era lo que sonaba, se llevaba y hasta salía en televisión. Harto que ver tuvieron los músicos emergentes en aquel tiempo. La sensibilidad de los nuevos tiempos era la sensibilidad de los por tanto tiempo despreciados.

    En ese contexto escribí versos que reunían el fraseo de muchas personas a las que había conocido. Personas que no tenían estudios, pero de quienes aprendí que el que sabe es el que se sobrepone a sus limitaciones. Me atreví a juntar sus expresiones, sus consejos y hasta las canciones que ellos cantaban en un sexto cuadernillo que me devolvía a la raíz de lo que siempre he querido ser. Lejos de aquel afán de escribir poesía con mayúsculas tan evidente en Los versos del guerrillero y en Nueva Tristología; ajeno a la tal vez forzada creatividad de Fragmentario, fueron saliendo estos Versos por Desquite. Me acuerdo que lo pasé muy bien escribiéndolos, leyéndolos a quienes eran los dueños de aquel modo de hablar...luego, como lo hacía siempre, los guardé.

    Nunca me sentí realmente dueño de aquellos versos; aún ahora no sé si deben o no estar escritos como sus verdaderos dueños hablan; pero sí sé que recuerdo con mucho cariño aquellos años. Por entonces ya estaba convencido de que mi modo de expresarme era por escrito; sabía del cariño y el respeto de mucha gente que me entregaba su afecto si yo le contaba de mis versos. Se quedaron impregnados en ellos el olor de los mercados, la humedad de bajo los puentes, la música de los restaurantes populares y el recuerdo de algunas penas que fueron menos penas gracias al vino. La patria es lo que uno conoce, todo aquello que a uno le rodea y se echa de menos en la distancia. Eso son estos versos, esos que cuando es septiembre vuelvo a leer en algún momento. Nunca nos han faltado las penas, pero tampoco nos han faltado los motivos para compartir un pedazo de carne, el humor, algún canto que nos hace hermanos, ni las excusas para emborracharnos.  

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui

  ¡ Vaya combinación...! Las sublimes letras de Atahualpa Yupanqui y la voz, en su mejor momento, de Mercedes Sosa, que interpreta como nadie a su compatriota. Una caudal de voz dulcemente contenido con la finalidad de cantarnos una de las poesías más profundas a la vez que sencillas que el continente americano alguna vez conoció. Doce intimas composiciones que en la voz de Mercedes Sosa se tornan en una dulzura que conmueve a la vez que ínsita a las reflexiones menos esperadas. También hay espacio para las voces de los escasamente escuchados; el folclor que trasciende esas tierras que le vieron nacer. Chacareras, zambas y milongas que conmueven enlazadas a las canciones que tanto dicen en cuanto a palabras e instrumentos. Si de citar algunas de las memorables interpretaciones se trata, soy amigo de destacar Piedra y camino, Guitarra dímelo tú, Los hermanos y Duerme negrito, aunque es importante decir que escuchar el disco completo es un acto de abrazo a si mismos; un abrazo que ab...