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Atahualpa Yupanqui

¿P or qué me gusta tanto escuchar a Atahualpa Yupanqui si yo no soy argentino...? Ya sé, la pregunta es tonta porque la belleza  del arte bien hecho no conoce de fronteras y porque Atahualpa Yupanqui es uno de los pilares de la música latinoamericana. Pero insisto...¿Qué tienen esas sambas? el canto tucumano, la milonga y ni qué decir las chacareras. Jamás llega tarde un homenaje a un cantor como el que ahora nombro. Un padre que sin siquiera suponerlo se ha poblado de hijos putativos. Una guitarra y una voz que como muchas otras jamás guardaran silencio. Canciones del folclor argentino, canto comprometido y ese algo que le da vida mucho más allá de sus autores a las canciones. Él lo sabía muy bien y aún así las cantaba generoso, sabiendo que cantos como los que de su voz brotaban brotaron y brotaran hasta el termino de los tiempos. Al igual que con otros señores de otros tiempos sus discos son tantos y tan oportunos que hablar de algunos sería un despropósito...

Para cuando te vayas.

M e costó como nunca escribir estas líneas; aún más poderlas publicar, muchas horas de silencio y aún me cuesta reaccionar. Era la madrugada y la ignorancia vestida de sicarios fue lo último que miraron los cansados ojos de Facundo Cabral. ¡ Este mundo está patas para arriba...! Esos ojos que vieron tanta belleza para que su voz las cantara se apagaron tras algo tan miserable como suelen ser los atentados.   Espero que el cuerpo de Facundo tan gastado de hacer lo mejor que se puede hacer en esta vida, es decir vivir, no haya pretendido dar la lucha y se haya entregado rápidamente al descanso...para qué seguir despierto si quien no hacía sino hablar de amor y de paz lo acallaron por un momento el zumbido de las balas en un país que como todos los nuestros poca culpa tiene de las miserias que le agreden. Cuesta creerlo, muchas veces lo dieron por muerto, pero esta vez va en serio. El hombre que me enseñó más de amor a Dios que todos los evangelios juntos ya no peregrinará por los ...

Hay quienes

Hay más gente exigiendo ser respetada que gente respetando. Hay quienes caminamos entre multitudes y seguimos sintiéndonos solos. Hay quienes tienen tanto miedo a la felicidad que no lograran nunca ser felices. Hay quienes tienen cargos pero no tienen la sabiduría que se necesita para ejecutarlos. Hay quienes de tanto hacer lo conveniente ya no saben como hacer para ser ellos mismos. Hay quienes se escandalizan porque algunos usan demasiados colores en el pelo, en los ojos y en las ideas. Hay quienes no dicen ni escriben nada pero que con sus ojos, su boca y sus gestos dicen todo. Hay quienes han sufrido decepciones tan grandes que olvidan que todavía existe en quien confiar. Hay quienes aman tanto a otros que olvidan que la caridad comienza por casa y quienes amándose tan solo así mismos; no hacen sino agotar a quienes les escuchan. Hay quienes estudian muchos años y no aprender que a vivir solo se aprende viviendo.

Desde la ventana

                                                                                                              A Mariana, detrás de la ventana A fuera todo es distinto...la gente ríe, van de aquí para allá, entran y salen apresuradamente en los almacenes. Festejan, viven o sobreviven como sea; encienden luces en sus miradas y en las casas cuando cae la noche. Abrazan a sus hijos y velan por que sus niñas no tengan esto que nos rompe los sueños d...

Cada pueblo tiene lo que aguanta

H abía una vez un pueblito chico que por vender gran parte de sus recursos naturales se figuro que era rico. Las personas que en él habitaban cayeron en el error de creerse mejores que las personas que habitaban los pueblos vecinos; es más, las personas de los pueblos vecinos creyeron de verdad que la cosa en este pueblito chico pero adinerado podía ser mejor y con lo puesto cruzaron la frontera para aceptar hacer el doble de trabajo por la mitad de la paga. No era algo nuevo, ya desde hace muchos años dos pueblos vecinos más al norte habían jugado este maquiavélico juego del corre que te pillo. Un pueblo que imita a otro pueblo no es un pueblo en el que se pueda confiar - Decía mi abuelo Cipriano- y este pueblo con grandes tiendas como era de esperar, no era un pueblo de confiar. Como es ya cosa de la historia, la riqueza se la repartieron unos cuantos y el resto se fue conformando con bolitas de dulce. Nadie en ese pueblo chico se dio por enterado cuando se hablaba de asuntos soc...