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La loba

                                 En un bosque y en invierno                                c onocí yo a la loba…                                 Sus heridas se lamían                                c on una áspera lengua caoba                                   Sangraba mucho y con razón              ...

Aula a la deriva

  C ierta vez estuve en una isla: al sur del mundo...muy al sur. En esa isla estaba acompañado por un importante número de personas que en nada se parecían a mi; sin embargo eran personas que me importaban. Me importaban al grado de apartarme de ellas con el único fin de no fastidiarles con mi escaso animo de hablar de cosas sencillas, mi mal humor con respecto a mirar lo que ofrece la televisión o sentarse a reír sin miedo al ridículo. Sin alejarme del todo me alejaba. Me iba a la pieza que se me había destinado a leer la historia de un muchacho de educación básica que una mañana cualquiera había partido rumbo a su escuela tras haber discutido con su madre. Aquel día, en el primer tomo del libro que leía, algo así como un terremoto transportó al futuro la escuela con maestros, auxiliares y estudiantes a un futuro de aquellos distópicos tan propios de no poca literatura. El hecho es que los seis tomos digitalizados en una tablet pertenecen al manga  Aula a la deriva  escr...

Lucha libre (III y IV)

  III     E l estadio estaba repleto, la algarabía del público era cosa difícil de silenciar, las tribunas abarrotadas de manera que los periodistas en evento alguno las habían visto. Fue la salida de los luchadores, debido a la expectación, la que trajo consigo algunos contados segundos de silencio. Miles de ojos se posaron sobre el trabajado cuerpo del Oso Boris que trotaba rumbo a su esquina; la multitud afín al luchador comenzó a gritar su nombre, el retador a nadie quiso mirar, concentrado, decidido como nunca esperó el momento de su esperada revancha.     Cuando apareció Furia Alegre en la alfombra que llegaba hasta su esquina, su propia multitud grito vuelta loca, emocionada ante el brillo de aquellos grandes y profundos ojos que parecían mirarlos de uno en uno. La campeona rió como siempre que los ojos del público o alguna cámara le observaba; se posó como bailando en su esquina y tentó algo así como un saludo para su contendor que ni siquiera ...

Lucha libre (I y II)

 I     E l Oso Boris era un viejo luchador ruso; Furia Alegre recién comenzaba a hacerse un nombre en el mediático mundo de la lucha libre. La pelea estaba programada para el medio día de aquel sábado; ni muy temprano ni muy tarde, para que los abonados al canal de pago no tuviesen ningún reparo.     No era normal este tipo de enfrentamientos; lo normal era asumir que Boris, al ser mucho más grande y fuerte, barriera con Furia cuya principal fortaleza era la alegría. Tampoco se había visto antes que a la gran pelea final llegasen un luchador tan experimentado y una niña.     Furia Alegre miraba al Oso Boris convencida de poder vencerlo, el Oso no veía en esta final más que un mero trámite que debía ser realizado si es que quería reclamar una vez más el cinturón de oro que desde hace tantos años nadie había podido arrebatarle.     Cuando la campana sonó el réferi se hizo a un lado; sabido era que este encuentro serí...

Primera conciencia

  *     N adie supo nunca que esa noche yo me quedaría afuera. Tenía algo así como seis años y muy poca inteligencia como para darme cuenta que mi papá no volvería nunca más a la casa. Me escapé por la ventana, iba bien abrigado porque me habían contado que la noche como pocas cosas era fría.     Puede ser que fuese a buscar a mi papá o puede ser que intentara agrandar el estrecho mundo de una infancia que hasta entonces no había tenido demasiados sobresaltos. Como fuese, nadie hubiese entendido que tenía inexplicables ganas de caminar.     Los adultos piensan que los niños no se dan cuenta de lo que en sus vidas pasa; suelen creer que los niños pueden olvidar con mucha facilidad; pero no es así, al menos yo, me daba cuenta y entonces me di cuenta que me sería muy difícil en la vida olvidar.     Mis adultos no se comprendieron; y a pesar de tener tres infinitas razones para pensarlo al menos un poco más, nada pudo ...

Anteojos

  P asados, bien pasados los cuarenta años se me han hecho más que asiduos dos pares de anteojos. El primer par viene de un control rutinario en el trabajo, con facilidades de pago por cierto, que curiosamente determinó que todos y todas, muy independiente de nuestra edad, debíamos usar algún tipo de anteojo. A mí había que corregirme no sé que error en el ojo izquierdo y darle reposo a mi vista en el momento de mirar cualquier tipo de pantalla. Parecíamos niños y niñas con juguetes nuevos el día que llegaron los anteojos. Una constante fue decir que ahora podíamos ver el mundo en HD y poco a poco, el asunto dejó de tener importancia. Entonces no usaba demasiado los anteojos recetados. Muy a pesar de mi error de enfoque en el ojo izquierdo y prescindiendo del repentino lujo de poder ver el mundo en alta definición, yo podía mirar el mundo con cierta respetable claridad. Varios años después fue que me di cuenta de que una necesidad tan cotidiana como leer se veía trastocada por no p...

Looney Tunes

  C uando era niño, concretamente, vi muy poca televisión. Lo que no es merito mío, sino más bien de la pobreza, pues aunque tengo conciencia de haber sido niño entre 1980 y 1986, no tengo conciencia de haber tenido permanentemente un televisor en la casa materna. Sin embargo, cuando tuvimos uno, cuando hubo tiempo que no fuera de trabajar o de estudiar; recuerdo la impagable alegría de unos dibujos animados que en blanco y negro (los televisores a color eran privilegio de otros niños) se quedaron para siempre con mi atención. No tenía conciencia de aquello sino hasta hace algunos años. Entre los libros, las películas y los discos que comenzaron a equilíbrame con respecto a aquello de tener una conciencia social y aprender a ser feliz, encontré muchos capítulos de aquellos dibujos animados que me fueron presentados como Fantasías Animadas de Ayer y de Hoy por una voz a la vez alegre que contagiosa. Las letras decían en la pantalla Looney Tunes, pero por entonces no leía en inglés n...