C uando era niño, concretamente, vi muy poca televisión. Lo que no es merito mío, sino más bien de la pobreza, pues aunque tengo conciencia de haber sido niño entre 1980 y 1986, no tengo conciencia de haber tenido permanentemente un televisor en la casa materna. Sin embargo, cuando tuvimos uno, cuando hubo tiempo que no fuera de trabajar o de estudiar; recuerdo la impagable alegría de unos dibujos animados que en blanco y negro (los televisores a color eran privilegio de otros niños) se quedaron para siempre con mi atención. No tenía conciencia de aquello sino hasta hace algunos años. Entre los libros, las películas y los discos que comenzaron a equilíbrame con respecto a aquello de tener una conciencia social y aprender a ser feliz, encontré muchos capítulos de aquellos dibujos animados que me fueron presentados como Fantasías Animadas de Ayer y de Hoy por una voz a la vez alegre que contagiosa. Las letras decían en la pantalla Looney Tunes, pero por entonces no leía en inglés n...