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Losing My Religion (R.E.M)

 

Destruir lo que se siente ajeno

    V ivo entre dos lugares que tienen mala fama. Una es una villa y la otra es una población. En la primera, con fundamentos muy pobres (por no decir mediocres) han quemado varios buses eléctricos en el contexto de protestas varias. En la segunda, han comenzado a predominar los rostros y los modos extranjeros que tanto desconciertan a los habitantes de mi pueblo chico cercanos o mayores a mi generación. Cuando salgo a caminar, por las calles de los lugares donde por ahora vivo (este por ahora abarca más de veinte años) no puedo evitar ver los destrozos que invocan los conservadores y las conservadoras de las buenas costumbres cuando hacen públicas sus quejas. Ayer por la tarde, cuando volvía del trabajo a lugar donde ahora vivo, escuché en el metrotrén a un joven padre de una niña que contaba rapeando acerca de cómo le explicaba a su hija aquello de que las calles están malas que tanta gente dice. El muchacho en cuestión decía que la cuando le preguntaba a ...

La lluvia

L a lluvia siempre me ha provocado emociones contrapuestas. Me gusta que llueva porque cuento con un techo, una manta si es que me da frio e incluso puedo acostarme y escuchar la lluvia que desde el calor del hogar se oye tan romántica. Por lo demás, mucho antes de la adolescencia, sé de quienes se mojan y no hayan un lugar tibio en el cual refugiarse. Sé de los gimnasios habilitados y de los niños y niñas que creen que cuando llueve todos nos mojamos. Esto que escribo justificadamente puede ser irritable para más de alguien, pero no puedo evitar pensarlo. La sequía es un desastre natural, la caída de agua una necesidad para no pocos. Tras la lluvia viene la nieve en las zonas altas de las ciudades y no pocos celebran la posibilidad de aquellas postales invernales que el inconsciente añora sin saberlo. La nieve pocas veces llega a las zonas bajas, el frio siempre llega. El frio que se recibe en tantas partes quemando lo que se ha recogido en los basureros y no siempre abr...

Constituciones

A hora que, después de un año, tenemos una propuesta final de Constitución con todas las imperfecciones y las utópicas ideas esperables de un grupo representativo de lo que es el país en este preciso momento, no está demás reflexionar acerca de las Constituciones anteriores que no tuvieron en cuenta otra cosa que la visión de las cosas propia de la aristocracia.  Es costumbre de las naciones (y cómo no, de los pueblos chicos que viven buscando parecerse a otros pueblos a penas un poquito más grandes) el dejar en manos de unos pocos los destinos de muchos. Comisiones de expertos, les llaman, especialistas jurídicos o la clase dirigente que dirige porque sabe y no como esa la tropa de fenómenos de circo que de tanto en tanto tiene la oportunidad de proponer una constitución nacida de las vivencias de los de a pie. Doy por supuesto que cuando escribo fenómenos de circo estoy ironizando sobre aquello que resaltan los medios de comunicación (de los cuales todavía pienso q...

1001 Películas que hay que ver antes de morir

A lguna vez quise comenzar a comprar libros sobre cine y este fue el primer libro que me atreví a comprar. Escribo que me atrevía a comprar porque los libros sobre cine no suelen ser precisamente baratos pero en aquel momento apliqué la filosofía de alguien a quien quiero mucho que suele decir ante disyuntivas como esta que cuento: Me lo merezco después de haber trabajado tanto . Tengo al día de hoy varios libros pero 1001 Películas que hay que ver antes de morir será siempre el primero. Lo descubrí en una de esas bibliotecas muy bonitas que se empezaron a implementar ya establecida la necesidad de no poca gente de contar con espacios donde la literatura se pueda disfrutar en espacios habilitados ya no sólo para leer sino que ideales para disfrutar de ciclos de cine, obras de teatro y navegación en Internet. Lo compré en una librería del centro y me costó creer que me había atrevido a comprarme un libro alejado de cualquier presupuesto destinado alguna vez a esa necesida...

Séptima conciencia

  * C uando mi hermana mayor tenía veinte años y yo tenía quince; mi hermana trabajaba como empleada puertas adentro y yo como fletero en la feria los fines de semana. Nos veíamos de tanto en tanto en la entrada de la feria donde su patrona iba con ella a comprar los fines de semana. Mi hermana me miraba reprobando el que yo estuviese sentado en el carretón, leyendo diarios viejos a la espera de que alguna señora quisiera contratar mis servicios. Mi hermana no veía a los otros muchachos que también esperaban sentados en sus carretones junto al mío. Tenía solo ojos para mí porque creía conocerme. Alguna vez le intente explicar que por aquellos años a un grupo de cesantes (que en aquellos años había muchos) les dio por organizar en las ferias una especie de policía secreta que intentaban disminuir la delincuencia en las ferias de la comuna. Era un grupo de no más de diez hombres (todos mayores que nosotros los fleteros) que se encargaban de darle un buen escarmient...

Sexta conciencia

* C uando en el mundo hay todavía tanta pobreza, tantos dramas humanos; cada día se hace más necesaria la evasión. Necesitamos ver el mundo con otros ojos, verlo todo de una manera despreocupada porque qué duda cabe, todo lo que pase en una pequeña aldea a largo o corto plazo, repercutirá en nuestra propia aldea. El peligro está en hacer de la evasión un credo de cada día. Desde el comienzo de los tiempos hemos buscado olvidar el dolor, el cansancio o la pobreza viviendo vidas que no son las nuestras. Cada vez más personas llegan a la sencilla conclusión que nos dice que son tantos los problemas que tenemos que superar a diario que no viene al caso preocuparse de los problemas ajenos; esta es la filosofía del individualismo, una filosofía ajena a la razón de ser de la mayoría de las artes. ** L as canciones que hablan de amores sufridos, que repiten un mismo estribillo desde siempre son las que la gente mejor recuerda. La música del verano, los bailes q...