Ir al contenido principal

Facundo Cabral


Quiero escribir acerca de un hombre que vino dos veces hasta mis cosas. Lo escuché hablar cuando era niño y aunque reconocía en él algo especial no lo tenía en buena estima porque a veces cuando hablaba lo hacía sobre Dios. Nunca me gustaron los hombres que hablaban de Dios, no cuando veía mucha palabra y muy pocos actos. No era al parecer el caso de este hombre; le siguió hablando de Dios a quien le quisiese escuchar, aquella fue la primera vez que lo conocí. Con el inevitable paso del tiempo fui encontrando certezas y comprendí que las cosas de este mundo no tienen por qué estar lejanas de aquel sentimiento místico de que existe un ser superior. 

Cuando niño no encontré espacio para la espiritualidad, muchas rabias y decepciones marcaron mis madrugadas y mis noches, entonces solo podía creer en las causas sociales desde la certeza de una convicción política.

La adolescencia me dio la oportunidad de volver a encontrarlo, había continuado con sus historias, su sencilla y grandiosa humanidad y como yo ya escribía versos, le conocí un sabor nuevo a sus palabras; comprendí que Dios no tiene la culpa de lo que hacen los hombres y que exista o no, siempre podrá hacer a quien conozca su nombre una mejor persona. Me toco por entonces saber de cariño y admiración en torno mío y entonces aprendí que nada tenía que ver la hipocresía religiosa con ese sentimiento de bondad que a uno le embarga cuando cree en eso del amor al prójimo. Además, como ya tenía bastante mejores las heridas del corazón, pude reír y por medio de la risa me regalo este iluminado hombre una nueva certeza; es decir que podía seguir estando enojados por las injusticias sin la torpeza de fastidiarme a mí mismo con malos pensamientos.

Fue él y sus palabras, su canto y su condición sabrosamente humana la que me convenció de creer en algo más que en lo terrenal. Logró lo que ningún religioso hubiese logrado nunca, y lo logró siendo tan humano e imperfecto como en un verdadero cristiano debe ser, por eso lo aprecio y quiero nombrarlo en mis homenajes. Imagino que siendo conocido como lo es desde hace muchos años le habrán realizado muchos homenajes, sin embargo yo quiero aquí citarlo. Sé que ha andado un poco enfermo así que le mando un abrazo de esos que no conocen de pasaportes pues cruzan las fronteras, los prejuicios y las envidias para alojar en el corazón de los que viven en paz consigo mismos, sin querer ni intentar demostrarle a nadie nada.


Sencillamente viviendo la vida se puede dar gracias al creado. El amor es la única enseñanza que nos hace falta y hay que ponerla ahora mismo en práctica.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...