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Necesidad del otro

Después de tantos días de preocupaciones; unas justificadas y otras sencillamente absurdas necesito darme un respiro. 
Necesito con urgencia una masajista que conozca las secretas técnicas que desanuden los rincones más inhóspitos de mi espalda. 
Necesito reírme sin un motivo en particular y oír música alegre, compartir que a pesar de tantas cosas que pasan estamos todavía en pie. 
Leer y aclarar que mientras más leemos, más humanos nos volvemos, que nos hacemos preguntas y que definitivamente no vamos a aceptar el mundo así como nos lo presentan.
No siempre lo recuerdo, pero tengo un montón de gente que me quiere, gente imprescindible que anda por allí, los más soñando, los menos envidiando. 
La gente que me nutre es gente noble; gente que con poco dinero sabe hacer de una simple comida una fiesta. 
También conozco a algunos que siempre están aproblemados y sin embargo siguen andando, esperando y hasta a veces cantando.
Necesito y necesitamos saber del cercano y del lejano prójimo, leer, oír noticias de sus caminar el mundo, alegrarnos con sus triunfos y ofrecernos ante sus derrotas. 
No solo celebro las más recientes maravillas de la comunicación, también saludo a los gestos que para nosotros forman parte del convivir más clásico: el movimiento de una ceja, un dulce ademán con la boca, las manos que hablan sin decir palabras y este abrazo que dice tanto de ti y de mi a pesar de la distancia, las penas y tantas otras inevitables que no logran separarnos.

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