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San Miguel; ocho de Diciembre de 2010

A nadie debiese sorprenderle saber que en países donde señorea sin verdadera oposición el neoliberalismo aumenta el nivel de delincuencia. Enterarse que las supuestas oportunidades no siempre están al alcance de quienes las necesitan y que se cierran escuelas públicas para abrir centros de reinserción social que no son sino recintos penales donde los que no pudieron terminar de estudiar terminan de graduarse de anti sociales.
Son un asco la mayoría de las cárceles de Latinoamérica; muchos en espacios reducidos, corrupción y falta de seguridad para todos aquellos que habitan estos templos del sistema que castiga a aquel que a falta de paciencia para seguir el camino que le marcan; esto quiere decir: estudiar en una escuela donde no siempre existe algo que los expertos llaman clima escolar adecuado, ver como para sobrevivir se endeuda el papá y se endeuda la mamá, oír los domingos aquello de que de los pobres seguirá siendo el reino de los cielos y acabar su preparatoria o enseñanza básica para postular a un liceo que lo preparará para ser un operario dentro de esta gran máquina que es el progreso.
Progreso que él podrá palpar siempre que acepte bajar la vista y no piense en mirar para el lado cuando tropiece con alguna injusticia o un acto legalmente corrupto. Podrá si trabaja tener derecho a obtener crédito al igual que lo tuvieron papá y mamá y le enseñará a sus hijos que todo cuánto tienen deben cuidarlo pues ha costado mucho tenerlo. Eso si acepta seguir el camino difícil, porque si por un minuto se detiene a mirar por televisión aquel mundo que le muestran donde todos parecen tan cercanos y donde tan a diario insisten con aquello de que la economía es pujante y que la venta de nuestros recursos naturales garantiza más y mejores inversiones y desconcertado se pregunta: ¿Por qué la población sigue siendo una sucursal del infierno?, ¿Por qué la escuela a pesar de que debiese entregarles herramientas para el futuro les entrega todavía excusas por el pasado?, ¿por qué en el policlínico no se encuentran los remedios? Y ¿por qué no les dan trabajo a los vecinos tan solo por vivir en las calles que viven?
Es entonces que hacen falta las respuestas que entregaba una verdadera educación y como hace tiempo que se desertó pues el sistema desde muy niños a muchos los condena.; llegan las estúpidas deducciones: hay que destruir porque la sociedad tiene la culpa de nuestra pobreza, tenemos derecho a odiar porque muy pocas veces fuimos amados y sobre todo; si pocos tienen derechos y muchos tienen deberes ¿por qué no saciar aquel rencor enfermo delinquiendo.
En los países de Latinoamérica la justicia anda muy chueca. Generalmente están presos y amontonados los que comenten pequeños crímenes. Los que tienen dinero para evitarse estos engorrosos encierros normalmente pagan buenos abogados y más luego de lo que los atraparon salen libres para seguir delinquiendo y cuidado que no solo me refiero a los de cuello y corbata. Hace mucho tiempo que el crimen es una profesión transversal y sumamente lucrativa. Eso sumado al des criterio de jueces que condenan a diez años de prisión a quienes intentan robar un banco y dejan libre a los violadores por que los niños y a veces las mujeres no son fuentes tan confiables.
Es entonces que en recintos donde caben mil encierran a dos mil; pero encierran a los que no son nadie, a los que molestan a la gente de bien con su inconformismo, a esos mismos que los profesores y las profesoras echaron de la escuela con algo de holgura económica y que encontraron un poco menos de discriminación en alguna escuela pública. Los encierran porque los gobiernos se han comprometido a dar una dura batalla a la delincuencia, solo que la batalla la empiezan a dar ya muy tarde. Los encierran y los condenan a ser peor de lo que fueron si quieren mantenerse con vida y a veces alguno logra salir y enmendar el rumbo, casi siempre negando todo cuanto fue pues su vida ya no le pertenece pues la entregó a Cristo.
Hoy murieron ochenta y un reclusos en un incendio. Vivían hacinados, todos lo sabíamos pero a pocos les importaba porque cada día se construyen más supermercados. Una vez más los gendarmes eran insuficientes y no podían aunque quisieran abrir las rejas ni dejar entrar de inmediato a los bomberos. Les enseñaron que en casos como estos pueden intentar huir las fieras encerradas y claro vinieron los golpes y los castigos para los amotinados y en medio de los escombros calcinados y los cuerpos amoratados surgen de nuevo las preguntas: ¿Por qué hay tantos presos? ¿No éramos acaso un ejemplo para la región? ¿Son o no son nuestros políticos y nuestros economistas unos héroes? Y agrego pues corresponde ¿en qué se diferencian los encarcelados de un país al de otro en este lado del mundo?
Alguien alguna vez lo escribió o lo dijo: los presos siempre son presos políticos, puede que sea cierto pero la más urgente es entender que un país no puede vivir sumido en el miedo y hoy existe mucho miedo a perder lo que se tiene. A veces ocurre que solo se tiene la vida, esta vida que en sí misma es una bendición por sobre cualquier cosa y hasta el último de los seres de esta tierra merece preservarla. No llegaremos muy lejos si no enfrentamos el crimen desde que es semilla, si no entendemos que es mejor no tener a tener a costa de los otros. Ya sabemos que estas son cosas que se deben aprender en casa pero con esto de vivir para tener hace rato que en casa hay poca gente. Las familias están allí para visitar a sus presos, hoy algunos solo recibirán la constancia de que todo terminó para uno de ellos, uno que no nació malo y sin embargo murió calcinado y hacinado en una cárcel.
No importa a estas alturas preguntar quién falló, porque cuando pasa algo como esto no nos queda otra opción que asumir que fallamos todos. Los que hablan fuerte en sus casa pero callan en las calles, los que golpean y los que se niegan a sí mismos el sentido de sus propias existencias, los que enseñan a sus hijos el resentimiento, los que les enseñan que lo material vale tanto o más que la paz familiar y tantos otros que piensan que en las cárceles están los que se lo buscaron. Los que presumen de su honradez y que han vivido siempre mirando hacia el suelo sin notar siquiera que los valores que nos hacían humanos hace mucho que fueron calcinados.











Comentarios

  1. Buenísima la reflexión...vale preguntarse ahora...¿en qué vereda estoy yo? ¿cuál es mi parada frente a esta vida llena de mentiras y falsedades porque nos han enseñado a crecer en el temor y en la obediencia? Verdaderamente y una vez más esta reflexión ha cumplido con su objetivo...me deja pensando cuán responsable soy yo de lo que sucede en la sociedad...ciertamente me produce vértigos que este mundo pare. Muchas preguntas sin respuestas todavía.
    Para esta libertad y para soltar cadenas hay que andar nuevos caminos..."caminante son tus huellas el camino y nada más, caminante no hay camino, se hace camino al andar..."

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    Respuestas
    1. Me alegra mucho que estas palabras para ti tengan sentido. Agradezco mucho tu comentario. Cuida tu vereda, no dejes que te la ensucien, riega las flores y deja entrar algunas orugas...para que mañana puedas seguir encontrándote con mariposas.

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