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Todos tenemos un precio

Leí que alguien sostiene que todos tenemos un precio y las preguntas como es natural me cayeron encima como agua que no te deja ni ver. osea que por más que crea en la libertad de quien se educa tarde o temprano alguien puede venir y comprar mis convicciones. Según esto Gandhi, Allende y Pancho Villa tenían un precio y solo era cosa de seguir esperando.

¿Cuánto pagaran por un anciano de esos que andan botado por la calle? He visto varios por estos días, ¿ será a caso por eso que algunas mujeres todavía se atreven a cobrar por entregar un momento de vacío amor? ¿Cuánto costara el hambre de aquel que sufrió sin saber que los economistas a todo y a todos le ponen un precio? ¿ Cómo podría saberlo? si lo expulsaron de todas partes porque su presencia incomodaba a los clientes que de tanto asco e incomodidad hasta dejaron de comprar...cosa muy grave en estos días; porque no importa que alguien muera de frío en un cementerio; pero si importa que la gente deje de comprar.

Las tremenda soledad de aquella mujer que se postergó toda para cuidar de la familia sepultando sus propios sueños. Aquella que trabajó del amanecer a la noche sin conocer jamás que parir hijos, lavar ropa, loza y pisos tenía un precio y que incluso cada golpe incrementa para nuestra sociedad el valor de su maltrecha existencia. 

El dolor le da más dinero del que podemos imaginar a alguien. No nos gusta saber de estas cosas y es por eso que frente a ellas elegimos solo entre dos opciones: ignorarlas del todo o calcular un precio para que esté tranquila nuestra conciencia; es entonces que damos los pesos que sobran en el supermercado, la moneda que no nos falta en la colecta y algunos que calculan que es más cara su conciencia depositan cheques cada mes en abultadas cuentas que le ponen precio a las necesidades de tantos seres humanos que no alcanzan a comprender que incluso ellos tiene un precio.

La verdadera caridad no es dar al necesitado, sino evitar que el necesitado exista escribió alguna vez José Narosky. Como sociedad nos hemos acostumbrado a que dar es sinónimo de caridad. Porque así podemos continuar de mejor manera nuestra propia supervivencia en un mundo que para ninguno de nosotros resulta fácil. Esto que escribo no es una critica para a nadie en particular. Es solo que me aterroriza que exista gente que crea que todos tenemos un precio, gente que deje una moneda en un tarro al pasar y no pueda contar con el tiempo de detenerse a pensar si lo que da es el precio de quien mendiga o es el precio de quedarse tranquilos.
     
No cabe duda que valemos mucho, pero no todos lo saben. De lo contrario no habrían lambiscones en los
puestos de trabajo ni políticos pensando que somos tan solo un voto. Pero hacerse valer poco o nada tiene que ver con facturar, más bien en estos tiempos en que cualquiera puede comer si así lo quiere, puede endeudarse si es que alguna multitienda le hace el favor. Hoy estamos en condiciones de decir que cada vez hay menos pobres de dinero y más pobres de espíritu.
Y una última pregunta para usted que lee: ¿Cuál es el precio que se debe pagar para comprar todo lo que usted vale?.  

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