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Sin querer queriendo

Por allá, a comienzos de los años ochenta lo vi, como muchos de nosotros lo vimos en el televisor; cuando los televisores eran en blanco y negro. Como a muchos me llamó la atención que personas adultas se vistieran como niños pero me reí y así, cada vez que veía alguna ocurrencia de este grupo de personas me reía y me sigo riendo. El alma del programa, al igual como pasaba con las películas de Chaplin y de Cantinflas era el que en escena se nos presentaba como el más pobre; aquel hombre-niño que en tantas partes del mundo solo conoceríamos como El Chavo. Roberto Gómez Bolaño era un guionista mejicano que al comienzo escribía para otros cómicos y que tarde o temprano llegaría a brillar con luz propia; no por nada quienes le conocían le decían que era un pequeño Shakespeare. Él castellanizó el apodo transformándolo en Chespirito una marca de fabrica que nos dotó de muchos personajes entrañables (todos con nombres comenzados con Ch) y el artista tras el seudónimo seguro se emocionó desde el comienzo con tan abismal recibimiento. Fueron desde aquel tiempo sus personajes y quienes los rodeaban queridos y admirados por tanta tanta gente que vio en ellos el reflejo de un gran creador; le parezca a quien le parezca fue Roberto Gómez Bolaños: el escritor, el que les dio vida en el papel, el que les entregó las frases que a todos los hicieron famosos y sin embargo; a veces el egoísmo o la vanidad puede apresurar el termino de lo bello. Lo irónico es que el programa del niñito terminó el año 1980 pues lo habían abandonado dos de sus principales protagonistas y hoy, cuando el calendario dice que es 28 de noviembre de 2014 en muchos canales de televisión en el mundo el programa se sigue exhibiendo con audiencias no menores.

Es ésta a penas una historia que se puede contar del genio que hoy nos deja. Le digo genio porque hay pocos que puedan hacer reír a tanta gente durante tantos años. Sus personajes, sus dibujos y sobre todo sus libros (El diario del Chavo y Sin querer queriendo) son un regalo para el espíritu de aquellos que se niegan a albergar malicia. Hace mucho rato que la salud no le acompañaba y creo que merecía el descanso desde hace mucho rato. Me hace feliz saber que es de los pocos que se enteró cuánto se le quería y creo que era el último gran comediante que nos quedaba. Digo grande porque habrán otros, pero de aquellos que tenemos conciencia de que saben hacer reír a quienes hablan distintos idiomas y creen en distintas cosas ya no tendremos más. Se nos va el creador repleto de amor a quién le cabe duda y nos quedan sus obras que tampoco cabe duda, son inmortales.

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