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El libro es mejor que la película (II)

Charles Dickens debe ser seguro uno de los autores más llevado al cine. sus obras a pesar de ser antiguas permanecen tan vigentes como impactante sigue siendo la impresión del lector al termino de cada uno de sus más conocidos textos. Sus obras son muchas, así como también son muchas las adaptaciones que se han filmado sobre ellas y por notables que sean algunas de estas adaptaciones, éste es otro de los casos en que me atrevo a asegurar que el libro es mejor que la película.

Partamos por Oliver Twist (1837-1839); En aquel tiempo las novelas se entregaban por capítulos en los diarios y ese fue el caso en esta inmortal obra que conoce de tantas adaptaciones cinematográficas como televisivas. Es la historia, como seguro ya sabrán, de un niño huérfano que migra como muchos del campo hacía la ciudad. Pasa tantas penas como nos es posible como lectores procesar debido principalmente a que en aquella época nadie había hablado todavía del trabajo infantil, ni de la sórdida vida de los criminales como si se habla en esta novela. El autor trata estos y otros temas con un sentido del humor que sería característico en sus futuras obras (este fue a penas su segundo libro) sentido del humor que no siempre las obras audiovisuales logran capturar y que es vital para recibir denuncia social al alcance de todas las sensibilidades.

Canción de navidad (1843); quién a estas alturas de la historia de la
humanidad no conoce la historia del tacaño señor Scrooge que vive una velada indescriptible previamente a la navidad. La inesperada muerte de su socio, la visita de los espíritus de las navidades pasadas, y esa revisión de las decisiones que lo han ido relegando a una ya insoportable soledad han sido adaptada hasta la saciedad y sin embargo, la lectura del libro original nos entrega de forma más contundente la moraleja de la historia. No solo se trata de tacañería la cosa; el mensaje social contra algunas costumbre relacionadas al incipiente capitalismo, el paso simbólico del invierno a la primavera, y las bases de la manera en que se celebra hoy en día el nacimiento de cierto niño que no siempre se recuerda lo podemos encontrar tras la lectura de este libro que además de bello, es muy breve (cosa extraña en la obra de su autor).

Y terminemos con Historia de dos ciudades (1859); Esta potente obra literaria no conoce de tantas adaptaciones cinematográficas como las de las otras obras antes comentadas, pero no cabe duda que debido a la complejidad del argumento, al menos por un buen tiempo, la novela seguirá siendo mejor que sus adaptaciones. Las dos ciudades son nada menos que Londres y París antes y durante la primera parte de la mítica revolución francesa. La historia; la de una joven que cree a su padre muerto pero lo encuentra nada menos que recluido en la Bastilla; lo libera con la ayuda de un antiguo empleado de su padre. La familia Ebremont son los culpables de aquel encierro razón por la cual, lo entendemos, la joven sentirá un especial odio hacia ellos. Tiempo después y de regreso a Inglaterra, se enteran del caso de un noble francés acusado de espionaje el cual es defendido por un singular abogado. Pues bien, las vidas de estos personajes se irán entrelazando en una serie de sucesos que relacionan a Londres y París de manera sorprendente. Asistimos a lo largo de las páginas del libro a una historia de amor enmarcada en todo un contexto político; somos parte de la irracionalidad que no pocas veces ha tenido el devenir histórico de la civilización occidental; es decir, no es poca cosa como para abarcarla en lo que dura una película.


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