Quisiera compartir otra vez los homenajes. Para aquellos que más de algo me hicieron sentir en distintos momentos de una misma vida. La fuerza del amor y de la libertad, lo sencillo y lo soberbio. No es verdad que no siento nada cuando mueren las personas. Es que voy de la alegría al llanto como de la energía a la más profunda melancolía. Por estos días partieron dos que ni sabían que me hicieron compañía. Dos aparentemente distintos, pero como todos nosotros; más parecidos de lo que cualquiera creería. A uno se le recordará por sus canciones con conciencia social aunque harto gustaba del rock clásico y al otro por su rockanbolesca vida aunque harto mensaje social tenían sus letras. Se quedan conmigo la voz, la conciencia...la inevitable fuerza de la rebeldía.
U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien. Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...
Comentarios
Publicar un comentario