Quisiera compartir otra vez los homenajes. Para aquellos que más de algo me hicieron sentir en distintos momentos de una misma vida. La fuerza del amor y de la libertad, lo sencillo y lo soberbio. No es verdad que no siento nada cuando mueren las personas. Es que voy de la alegría al llanto como de la energía a la más profunda melancolía. Por estos días partieron dos que ni sabían que me hicieron compañía. Dos aparentemente distintos, pero como todos nosotros; más parecidos de lo que cualquiera creería. A uno se le recordará por sus canciones con conciencia social aunque harto gustaba del rock clásico y al otro por su rockanbolesca vida aunque harto mensaje social tenían sus letras. Se quedan conmigo la voz, la conciencia...la inevitable fuerza de la rebeldía.
T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...
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