Ir al contenido principal

Un regalo para compartir 11

Hace un año pensaba en no continuar con este blog y concentrarme en un nuevo proyecto que entonces era tan incierto como ilusorio: comenzar a publicar los libros que he escrito; sí, así de simple e incierto como lo leen, pero trescientos sesenta y cinco días después, ya he publicado los cinco primeros (van a ser diez en un plazo de dos años) ¿cómo tantos...? bueno; los textos están escritos desde hace mucho tiempo; estos dos años solo los tengo que revisar, pulir y publicar. ¿cómo los financio?; son ediciones muy limitadas (no más de cien libros por edición) y las personas que los compran me permiten poder financiar la publicación de cada uno de los libros que voy publicando. 

Ésta ha sido una experiencia muy grata; me ha permitido compartir con muchas personas que desde hace mucho esperaban poder tener mis escritos en formato libro y conocer a nuevas y nuevos lectores en espacios en los cuales jamás hubiese imaginado ser leído. Para hacer esto posible coordino ediciones que además de tener portadas y diseños lo más atractivo posibles puedan ser compradas a un bajo costo. ¿Por qué tengo que coordinar esto yo?; simple, porque son auto ediciones. Los libros no le pertenecen a ninguna editorial por lo tanto se publican fuera del circuito comercial, yo los retiro de la imprenta, los entrego a cambio del costo del libro y me doy el gusto de saber quién los compra. Este sistema ha resultado bastante por lo que es muy posible que este año publique los otros cinco libros para así cubrir treinta años escribiendo (se cumplen en el 2019, cuando yo tenga 45 años); empecé escribiendo a los catorce, pero recién a los quince comencé a compartir algunos de esos escritos.

Les he contado la historia de esos escritos en la etiqueta a veces me acuerdo de cosas y abajo les comparto fotos de las portadas de los libros. Un gran abrazo a todos aquellos que leen este blog y a quienes han hecho posible la realización de algo que en un comienzo parecía imposible.






Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...