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Los diarios (Segunda Parte)


     Es muy difícil, tal vez imposible, encontrar un diario que no sirva a algún propósito. Inclusive aquellos que presumen de su "libertad" tienen un fin propagandístico de las ideas del grupo que se da el trabajo de ponerlos en circulación. Consiente, muy consiente de ello una vez que comencé a experimentar aquello de la adultez, intentando una vida de familia que hasta entonces no había conocido...insistí en leer diarios.

   Iba los fines de semana hasta el kiosco de la esquina cuando compartíamos un muy pequeño departamento con mi ruiseñora y mi changuita. La señora que lo atendía terminó por reconocerme y hasta me guardaba los diarios cuando por alguna razón no alcanzaba a ir a comprarlos temprano como acostumbraba. Las noticias no eran tampoco demasiado alentadoras, por lo que poco a poco la publicidad comenzó a cobrar un protagonismo que resultaba muy evidente para cualquiera que pretendiera leer el diario. 

    Cuando nos cambiamos a la casa donde viviríamos gran parte de nuestra historia juntos. conocí a una suplementera bastante particular. Ella insistía que le pagara los diarios los fines de mes y confiaba ciegamente en su memoria y en su capacidad de multiplicar...sin anotar nada en ninguna parte. De aquellos años recuerdo la fascinación de mi changuita con los enormes insertos de las multitiendas que, no conformes con poner anuncios entre las noticias, regalaban sus catálogos en fechas cercanas a las celebraciones alusivas a los días del comercio - perdón, de la madre, el padre, el niño y hasta del abuelo - Mi changuita revisaba aquellos catálogos con profunda atención y siempre procuraba recortar diligentemente aquellos juguetes que el viejito pascuero le podía traer en navidad.

    Eran años de auge económico, la cima de las compras con tarjetas de crédito en el país. Cualquiera que pagara el valor de un diario tenía palco preferencial en aquella fiesta del consumo. Las noticias irrelevantes terminaron por convertirse en las noticias relevantes, el futbol seguía siendo el gancho predilecto para los señores de la casa. Titulares y portadas cada vez mas enajenantes. Los diarios para la clase alta dejaron su lugar de prestigio a los diarios de circulación "gratuita", que no eran otra cosa que publicidad con algunos resúmenes de hechos significativos para el ciudadano de a pie. Los regalaban en las entradas de las estaciones del metro o en algunas esquinas bajo los semáforos.

    Se puede decir que nadie podía alegar desconocimiento. Que en muy pocas casas faltaba papel para envolver el pescado, secar el baño o sacar recortes para las tareas de los niños. Este origen de la información al alcance de todos y de todas pasó desapercibido para no pocos y pocas. Los diarios habían estado allí desde el comienzo de la historia. Poco a poco el papel daba paso a plataformas que, a la par que novedosas, aparentaban ser una seria amenaza para la existencia de la prensa escrita. La gente leía diarios como nunca a la vez que comenzaba a permutar los textos largos y profundos por textos cada vez más cortos y peor escritos.

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