Ir al contenido principal

Reflexiones de un irreflexivo


Una semana digna de irreflexiones. En realidad, todas las últimas semanas de los últimos dos años se prestan para irreflexiones. Constantemente lo disimulo, me hago el leso escribiendo sobre temas que al parecer nada tienen que ver con lo que está pasando, pero...hay un pero que es bien grande; a diario observo, escucho y siento de manera exagerada mucho de lo que acontece. En mi primera juventud solía sobre-reaccionar, en esta presente juventud puedo tomarme las cosas con mayor calma, lo que no quita que me sienta a veces triste o cansado y que me reconforte a mi mismo compartiendo una vez por semana alguna cosa que para nada parece importante tomando en cuenta las cosas tan importantes que pasan.

Hace poco dicen que mi pueblo chico ya gastó todos sus recursos naturales...ya vendió era el anuncio que estaba esperando. Hubo gran revuelo por el anuncio del cambio de nombre una golosina que puede ser que ofendiera a una cada vez más grande masa de cristal que no se detiene ya a pensar acerca de las verdaderas razones que nos hacen personas. Una atleta de la alta competencia reconoce que no da más, no pocos reparan en las medallas que quedaran disponibles para que las alcancen otras atletas en vez de reparar en el profundo horror que afecta a lo que piensa, siente o ejecuta aquella mujer que solía ser un mediático ejemplo de la única perfección humana que nos puede ser concedida. 

Hace unas semanas atrás se constituyó una asamblea que buscará escribir aquellas palabras que debiesen regirnos y reconocernos como un pueblo chico pero diverso y no ha sido poca la atención que suscita. Los medios, como suele ocurrir en estos casos, abusa de su rol informativo buscando como siempre empachar a quienes supuestamente informan con datos de dudosa importancia. Los constituyentes cometiendo los viejos errores del que se supone, buscamos alejarnos...humanos ante todo. Es muy difícil obrar verdaderos cambios, no imposible, pero difícil. Dificil movernos cuando la inercia de lo que ya conocemos o creemos conocer nos aconseja que nos quedemos quietecitos (as) únicamente en aquellos pensamientos, sentimientos o acciones que nos reafirman en lo que aseguramos es correcto.

Ante todo esto, ¿qué nos queda sino ejercitar nuestra flexibilidad de pensamientos? revisar las razones que nos hacen sentir lo que sentimos y afinar las acciones que no siempre nos acercan a las personas. En tiempos de crisis son cada vez más las personas que se están quedando solas. A pesar de sus familias, a pesar de sus redes, sus fotos y posteos que no dejan de ser una aproximación, no muy confiable por cierto, de quienes les siguen. Hace poco publiqué mi entrada 700, me acuerdo cuando cumplidos diez años de este blog me propuse no escribir más entradas. Cuando vi la cantidad de personas que leen estas irreflexiones que escribo y me di cuenta de que, siete años después, sigo teniendo aquellos cuatro seguidores que me acompañan desde siempre y que sigo escribiendo...es bueno saber que usted que lee no estará nunca solo o sola si piensa, siente y actúa de manera no demasiado reflexiva y que yo nunca escribiré solo para mi mismo mientras me siga leyendo una sola persona que no sea yo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...