Ir al contenido principal

Tarjetas de Navidad

*

He visto muchas veces al niño Jesús en las calles. Aferrado al brazo de sus padres, aguardado a que alguien de la multitud les compre un chocolate o un parche curita para pagar el pesebre en que duermen por las noches.

Lo he visto más grandecito, sin camisa, tirando agua y jabón con una botella en los nublados parabrisas que eran y que son la pantalla a un mundo distinto, ofrecido debajo de los semáforos.

He visto a los reyes magos detenidos en una comisaria. Intentando explicar lo inexplicable. Decir sin ser escuchados que tener un color de piel y un habla distinta no les hace sospechosos ni menos culpables de los crímenes que no cometieron.

Seguí muchas estrellas fugaces que me llevaron a lugares cada vez menos distantes donde la navidad es apenas una noche de pena donde nunca hubo ni habrá paz porque los hombres y las mujeres de buena voluntad no se quedan jamás.

 

** 

Entregué y recibí regalos muchas veces. Me emborraché con el viejito pascuero y compartí con personas felices de estar todos juntos tras haber cenado. Preste atención a quienes estaban tristes o enojados y les otorgué la razón.

¿Qué más se le puede ofrecer a quienes no quieren la navidad? Las luces son un milagro en los rincones más olvidados, los villancicos una hiriente brisa de tristeza que desarma hasta al más fuerte.

He aprendido que en noche buena hasta el más solo se encuentra menos solo. Que una niña puede estar nerviosa de interrumpir a un imaginario viejo del saco que está demasiado ocupado entregando regalos como para ser molestado.

Aprendí de ella que sí se puede creer sin ver. Que la inocencia no tiene precio, que solamente lo barato se puede comprar con dinero. Aprendí que la alegría de los adultos termina siempre por ser la alegría de los niños y de las niñas.

 

*** 

Ví a José y a María manteniendo a su niño calentito a la luz de una fogata. Al viejito pascuero mortificado por que no siempre los regalos los reciben los niños buenos. A los reyes magos perder el rumbo entre tanta gente comprando cosas sin valor.

Ví un árbol de navidad lleno de cerezas, una estrella de Belén anclada en el cielo de una de esas poblaciones en donde no llega la luz más que cuando los vecinos se cuelgan del tendido eléctrico.

Compartí un pedacito de pollo asado, un trozo de pan y un vaso de cola de mono con madres, hermanos y tíos que no sabía que yo tenía. Me habían dicho que se nace y que se muere solo pero sé que esta noche eso puede ser mentira.

Esta noche tiene algo de especial. El qué o el cómo depende de cada uno de nosotros y nosotras. Ví a Jesús niño en la basura sonriendo, adolescente bailando en las esquinas y viejo afirmado por el alcohol.


 



Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Perros ovejeros y coyotes

D e un tiempo a esta parte cada vez que hay elecciones me siento un tanto aislado. De ninguna forma soy de aquellos que pregonan que no les interesa la política, ni pretendo dármelas de elegido que disfruta el jactarse de que no existe nadie ni nada que lo identifique. Al contrario, me complica de sobre manera y hasta me preocupa no ser ya capaz de ver alguna diferencia entre los políticos. Ellos se supone que piensan distinto pero al momento de gobernar se parecen demasiado. Discuten de vez en cuando acaloradamente en el Congreso, se insultan y a veces hasta pierden su supuesta compostura y hasta se dan de golpes...pero cuando no los estamos viendo, cuando comparan las ganancias de sus repentinamente pujantes negocios, a la hora del café, en el almuerzo e incluso minutos antes de entrar o salir del trabajo es muy poco lo que los separa. Recordé aquella serie de dibujos animados que nosotros veíamos en Latinoamérica en los años ochenta que se llama ...

La escritura

M e gustaba mucho dibujar así que no deja de ser extraño que, en la clase de arte en el liceo, estuviese poco atento a las instrucciones del profesor. Pero aquella mañana estaba muy poco atento. El profesor lo notó, al acercarse a mi mesa se dio cuenta que en vez de estar dibujando yo estaba escribiendo en una hoja. Una vez que él hubo terminado de dar las explicaciones con respecto al trabajo que debía yo de estar haciendo, me pidió la hoja que había estado escribiendo para poderla de leer. Tras terminar la lectura me miró comprensivamente, me invitó a retomar el dibujo y terminada la clase se mostró muy interesado por lo que había leído. Le conté que quería escribir un libro y que aquello que él había leído era una parte importante de la idea principal. Le pedí disculpas y él, tremendamente comprensivo, me dijo que no había problema. Me pidió que cuando terminara el libro me acordará de guardarle una copia. Días después me regalo una croquera para que yo no tuviese que andar escribie...