Ir al contenido principal

Loving Vincent (2017)

 Comencé a estar ansioso cuando supe que se iba a estrenar esta película. La primera película de animación creada con oleos y por pintores. El tema daba para mucho, los adelantos desafiaban hasta al menos interesado en el mundo del pintor que, inevitable e irracionalmente, muchos amamos. Loving Vincent es una película polaca que nos cuenta la, en un comienzo, forzada misión que el padre de un muchacho, que era el cartero de Van Gogh, le endosa a su hijo. Entregar la última carta que Vincent le había escrito a su hermano Theo le abre la puerta, al cada vez más interesado muchacho, a los detalles de una muerte que todavía es un misterio y a los últimos días de una vida que jamás dejará de ser apasionante.

El resultado visual y musical de lo que vemos es un obsequio. La manera en que se va develando la historia no lo es tanto. Imagino que desde un comienzo el desafío artístico radicaba en poner algunas de las más conocidas pinturas del celebre pintor en movimiento. Aquel objetivo se logra y se logra con creces no obstante, no pocas veces, se debieron "alterar" (cambio de posición de los personajes o los momentos del día o de la noche) los cuadros originales en función del relato al que estamos asistiendo. Conocemos o seguimos amando a Vincent Van Gogh por medio de quienes lo despreciaron o compartieron con él los últimos momentos de una vida más que acontecida.

Estamos frente al artista profundamente humano (con todo lo bueno y lo malo que la condición humana conlleva). Ante quienes le inspiraban para bien o para mal y ante una historia que, para más de alguno,  puede que se haga un tanto aburrida a pesar de su gran valor artístico. Puede ser que otro de sus objetivos sea cautivar a quienes conocían al hombre, su tiempo y las variadas circunstancias que pueden ser las que llevaron al desenlace que conocemos mucho antes de sentarnos siquiera a ver la película. No es la historia, es el ángulo que se elige para contarla lo que aporta al más que gratificante acto de saber más de uno de los pintores más importantes de la historia.        





Comentarios

Entradas populares de este blog

Felicidad o tristeza

U na persona me ha contado más de un vez que le da un poco de pudor contar que es feliz. Compartir lo bien que le van las cosas porque dice que las personas que la rodean... parece que se enojan cuando uno está bien.   Me ha dado no poco que pensar esta forma de ver el asunto. Cuando viví los lejanos años de la tristeza, nunca me planteé el influir con mi estado anímico a los otros; parecido me pasa ahora que sé a ciencia cierta que mi paz no contagia a aquellos que quieren vivir en guerra. Entonces pienso, y así se lo he manifestado a esta persona que cree que su felicidad afecta a quienes le rodean, que poco importa lo que se quiera compartir cuando no existe por parte de las personas voluntad de recibir. He sido testigo de cómo la profunda depresión de una persona es incapaz de remover en el más mínimo aspecto la necedad de quienes se obligan a ser felices porque creen que es de buena educación no andar ventilando lo que uno siente. Es decir que socialmente nos hemos a...

Una historia democrática

  T enía muy claro que la persona por la que votaba muy rara vez ganaba. Entendía demasiado bien que la democracia nunca fue el poder de ningún pueblo y que era más bien el gobierno de los consensos. Aún así fue a votar como siempre. Se levantó temprano, se bañó con agua caliente porque hacía frío y no parecía que fuera día como para descuidarse. Tomó desayuno viendo cómo una vez más los medios de comunicación presentaban una cobertura intencionada de la jornada. No se puede esperar ganar en un país como este; pero igual soñaba. Soñaba como llevándose la contra, intentando aferrarse a aquella última esperanza que sabía que se perdió. Contaba con la tranquilidad de la jornada; no por nada se hablaba tanto de lo desordenado que estaba el país. No por nada la culpa era siempre de los que pensaban distinto. Por eso era, quizás, que hace años que ya no pensaba, únicamente sentía lo que su corazón le decía. Ridículamente, porque sabía muy bien que el corazón no hablaba; que era la conven...

La vida es una loca de remate

    J usto en la parte de atrás de las casas de la villa a la que habíamos llegado a vivir había un enorme peladero que, antes de ser adecuado para que los hombres de la villa pudiesen jugar fútbol, servía para que cada cierto tiempo se instalaran las carpas de los gitanos y uno que otro circo pobre.     De un circo que se instaló cierta vez trata esto que recuerdo; de su pobre espectáculo, de la gente que conocí allí y del miserable destino de los animales que eran parte del entretenimiento.     A pesar de que las entradas no eran caras, algunos de los niños y niñas no contábamos con las monedas para poder financiarla por lo que nos ofrecimos para ayudar o para llevarles agua desde nuestras casas con la finalidad de conseguir entradas de cortesía que era como le llamaba rimbombantemente el dueño del circo a dejarnos entrar por un acceso reservado a los integrantes del circo (no se imagine para nada una entrada bonita; había que levantar una c...