Tienen una manera singular
de imponérsenos los poderosos. Ellos
determinan qué podemos comer, qué podemos comprar y hasta qué es lo que debemos
pensar. Los poderosos son dueños
de la prensa escrita y de la otra. Los medios de comunicación son el conducto
más sutil que existe para la validación de la potestad de algunos hombres sobre
otros hombres, sus hijos y sus mujeres. Los poderosos censuran, retocan,
interpretan y regurgitan la realidad para que aquellos que se resisten a pensar
por sí mismos la puedan digerir ya intencionada.
Lo peor, sin embargo, no es que ellos, los
poderosos, manipulen libremente a las personas a través de los medios de
comunicación que les pertenecen, sino que, lo es que aquellos que buscan ser
manipulados crean que lo que se les dice es cierto porque fue dicho en la
televisión o en los diarios. No son pocos los que construyen sus vidas, sus
conversaciones y hasta sus convicciones según lo que le cuentan los medios de
comunicación.
Es así como aquellos que creen estar
informados terminan desconociendo más de lo que saben. Que los pobres creen que
otros son los pobres y que las conversaciones se alejan cada vez más de los
temas que a los poderosos bien poco les conviene que las personas conversen.
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