Este cuadernillo es bastante más
pretencioso que el que le precedió en nombre y me parece un poco más rescatable
desde el aspecto personal. Tiene algunos poemas que me parecen buenos y
que daban claras señales de lo que escribiría después. También son muy claras
las influencias de algunos libros que leí por entonces pero como todo lo
escrito antes o después de estos versos, vergüenza es lo menos que me provocan;
son más bien anotaciones del ir y venir por varios de los caminos de la
condición humana.
En 1995 consideré que ya no debía ni
agregar ni quitar poemas a mi cuarto libro. Se convirtió sin yo proponérmelo en
la bitácora de un amor que, aunque grande no llegó a ser; un machacar de lo
gris a falta de otros colores. Es increíble lo deprimido que puede estar un
adolescente, lo solo que se puede sentir a pesar de estar rodeado de tanta
gente y como algo tan secreto como escribir puede mantenerlo en la senda de lo
por venir.
Me gusta haber sido adolescente y haber
escrito poemas como los que están en este libro. Como escribió alguna vez Enrique Linh; “porque escribí estoy
vivo”.

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