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El Conde/Los Colonos (2023)

Ocurre que el año 2023 las dos películas que más me gustaron fueron chilenas. No era de esperar porque rara vez los espectadores de un país (que no sea Estados Unidos) considera que sus películas pueden llegar a ser las mejores. Pasa en España, en México y cómo no, en Chile. No obstante me quedó con estas dos que me sorprendieron por tanto por su calidad técnica como por sus actuaciones. 

El Conde (Dirigida por Pablo Larraín) caía de cajón; a cincuenta años del golpe de estado...¡pero una comedia! qué genialidad. Jaime Vadell como un Augusto Pinochet que es un vampiro ya cansado de vivir. La fotografía, en blanco y negro, es cautivadora de principio a fin. Los efectos de sonido y la música inmersivos a la vez que fascinantes. Una historia amena que parte de manera potente y se va desinflando en la medida que pasan los minutos, pero que jamás deja de interesar. La herencia de un dictador que al día de hoy tiene partidarios se retrata a través de un prisma que da bastante en que pensar. Después de vivir 250 años el vampiro no puede con lo que se dice de él, con la avaricia de sus propios descendientes directos y ni la zalamería de un torturador y servidor vampirizado (un siempre genial Alfredo Castro) pueden conciliar con la vida. 


 









Los Colonos
(Dirigida por Felipe Gálvez) es mejor aún que El Conde. También imágenes, efectos de sonido y actuaciones que sorprenden hasta al más exceptivo (tratándose de producciones que deben bregar contra no pocas circunstancias antes de ser por fin estrenadas. En esta película el merito pueda que se mayor porque no tiene a un director con el prestigio internacional que muy bien merece Pablo Larraín. La historia es dura, envolvente y despiadada. La colonización del sur de Chile y el costo de este tipo de empresas tan propias del progreso y los emprendedores. La complicidad de las autoridades y el ineficaz intento de detenerse a pensar en los habitantes originales de aquellos territorios que los estados reclaman para sí arguyendo el falaz argumento de la civilización. Camilo Arancibia y Mishell Guaña hipnóticos  en su desempeño y una vez más nos encontramos con Alfredo Castro que a estas alturas parece ser prenda de garantía en materia de actuaciones.

Tierra del Fuego fue tierra de muertes a inicios del siglo XIX e inicios del siglo XX. Esta película especula acerca de cómo debe haber sido el asunto. Lo hace desde la empatía con los motivos de sus distintos personajes y aún así estremece desde su inicio y hasta el final.

Dos películas bastante reconocidas en su momento. Seguro temas que no son del gusto de quienes pretenden vivir del lado de los vencedores. Películas como estas son meros suspiros, instantes de reflexión y belleza permanente en tiempos que fueron y son oscuros.  

 





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