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La calle



Eramos niños de la calle, sabiamos que el asunto de noche era peligroso, sabiamos también que si llegabamos a crecer, seriamos adultos tristes como nuestros padres; presentiamos que nos pondriamos viejos y cansados y eso sin duda afectaba nuestra visión del mañana y si esto fuera poco, sabiamos también que cuando a los militares se les ocurría decretar toque de queda le disparaban al primero que pillaban.

Le andabamos agarrando la cola al peligro, pero eso le daba un sentido a nuestras pequeñas vidas. La calle era nuestro medio natural, de día o de noche, el encanto era muy parecido. Recoriamos más y más calles con el secreto anhelo de conocer cada vez más mundo.

En las escuelas nos enseñaban, pero los profesoras hablaban de mundos y de cosas que para nosotros parecian inexistentes: de geografia, números, reservas, y sobre todo nos hablaban de un país que nosotros no conociamos... la calle era otra cosa, no teniamos dinero para reservar, a penas unos pesos para comprar pan, conocimos la geografia humana que de todas es la más compleja y sobre todo, aprendimos acerca de un país que tenía muchos miedos.

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