Al igual que Carlos Rodríguez González, me hacía mucha falta un libro sobre Quelentaro. Agradezco sobremanera que él lo haya escrito y la manera en la que lo escribió. Dejar que las historias sobre los hermanos Eduardo y Gastón Guzmán las cuentes quienes les conocieron es muy efectivo. Las fotografías una maravilla para quienes crecimos admirando el trabajo de dos de los más grandes poetas - cantores de nuestra historia.
Son doce relatos que dejan de manifiesto que el dúo tuvo una historia larga. Una historia difícil pero digna. Para las nuevas generaciones que les alcanzaron a conocer eran dos viejecitos bonachones. Para quienes les conocen desde fines de los años sesenta eran, son y serán una de las pocas voces verdaderas de quienes nunca han tenido verdaderamente voz. Marginados por no banderizar su arte, evitados porque no hay manera que no resulten incomodos para aquellos que vienen a cantar en nombre del pueblo cuando hace mucho dejaron de ser pueblo.
Ser pueblo ya suena como algo viejo, como algo de otro tiempo...hoy se habla de la gente. De la gente que tiene la memoria corta, la gente que consume lo que está de moda y repite, sin el menor análisis, las consignas que se repitieron siempre. Este libro cuenta de dos hermanos que siempre fueron lo que decían. Dos hermanos que escribían y declamaban con un análisis de la realidad no pocas veces descarnado y otras tantas veces con una ternura que únicamente pueden llegar a desarrollar quienes caminaron contra el viento; esos que se caen pero se paran, se sacuden la tierra y siguen caminando, aunque tengan que hacerlo solos. Un bello libro que no merece pasar desapercibido. Una digna manera de que algo no sea olvido y de que ya nunca más siga pendiente el legado de Eduardo, Gastón Guzmán y de quienes les acompañaron en la memoria del silencio.

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