Ir al contenido principal

Entradas

Mujeres (III)

  T engo tres hermanas hermosas como pocas. Tiene tres tipos de belleza que enorgullecen y alegran mis recuerdos. La mayor es morena, como la tierra que da a luz la fortaleza de los árboles. Es la que habla menos porque también es a quien le importan menos aquellas cosas del intelecto. Sin embargo, lo que le faltó en estudios lo tiene de sobra en coraje y esfuerzo. Es una de las mejores madres que conozco, una gran trabajadora y un ejemplo de superación, honestidad y dignidad.     La que nació después de mí, heredó parte de la belleza de nuestra mamá. Es bella estéticamente hablando y con el paso de los años, el dolor y las decepciones también el modo de pensar se le ha ido embelleciendo. Le cuesta perseverar en aquello que se propone, sin embargo, no ha sido nunca de las que se dan por vencidas.     La más pequeña en edad es cómicamente la más grande en estatura; es alta pero inevitable amorosa cuando quiere serlo. Hace reír o hace llorar con la m...

Las nueve sinfonías de Beethoven

Ludwig van Beethoven es un nombre capital de la cultura popular. Su música está presente en el inconsciente colectivo gracias a innumerables películas y series de televisión. Su imagen despeinada y su genialidad que la mayoría sabe que terminó por imponerse a una progresiva sordera que no fue sino una de las complejas situaciones médicas que le afectaron a lo largo de su vida. Sufría, además, de no pocas complicaciones de salud atribuidas al exceso de plomo en su organismo y sin embargo es autor de una variada obra musical en variados géneros. Combinó instrumentos musicales de manera lo mismo creativa que provocativa para la época en que le tocó vivir. Conciertos, una opera, variadas obras vocales y dos misas son, a penas parte del gran legado que ha fascinado por igual a músicos en particular y admiradores de la música en general desde hace casi dos siglos y medios. Este año 2024 es el año del bicentenario de su Novena Sinfonía ; cúspide de más de veinte años componiendo lo que es un...

Hombres (II)

  M e refiero a él como mi medio padre porque nunca fue malo como para llamarle padrastro ni responsable como para nombrarlo padre. Conforme yo crecía, él también crecía un poco. Ahora entiendo mucho mejor tantas cosas de no entendía en él; su vida es una colección de errores; la mayoría los ha tenido que pagar muy caros.     Él fue mi mejor amigo durante casi veinte años. Algunas veces lo acompañaba a los esporádicos trabajos de gasfitería o conducción que de tanto en tanto encontraba.  Contaba historias increíbles y no pocas veces le vi ayudar a otros sin esperar nada a cambio. Le escuché hablar con odio de la burguesía y con devoción de las causas sociales que él no seguía, pero defendía con profunda convicción. Gracias a él conocí el maní confitado y los turrones, la historia de Macario que tanto me gusta, las canciones de Alfredo Zitarrosa y los tangos de Carlos Gardel. Como si todo esto fuera demasiado poco, le vi intentar ser padre de la menor de mis he...

Madres de los días

 M aría Trinidad, cuando era niña, se esmeraba para que “pepita”, su muñeca, no sintiera el frío ni el hambre que ella sentía. La abrigaba con su chomba descolorida y le daba de comer de la sopa que, en los días de invierno, María Trinidad, cuando era niña, acostumbraba a imaginar. Herminia del Carmen se prometía a sí misma, cuando su taita le pegaba, no hacer lo mismo con sus hijas y, sin embargo, se sorprendió a sí misma demasiadas veces golpeando a quienes tanto amaba, aterrada de que las niñas repitieran los errores que ella había cometido al hacer la vida. La vida que prueba y mide hasta dónde es capaz de llegar una madre que no tiene otra que endurecerse, más que un poco, para no fallarle a las niñas ni al niño con los que se quedo a solas cuando aprendió que los cuentos de hadas no son ciertos. Cuando pudo haber elegido la muerte y eligió la vida. Marina Soledad no está para cuentos y ama con recelo porque aprendió que amar con los ojos cerrados es un injustificado peligro. ...

Mujeres (II)

E n estricto rigor, tuve tres abuelitas; las tres, no cabe duda, mujeres muy admirables.     Comenzaré por mi abuela materna; una flor del campo trasplantada a la mala a un macetero que nunca la pudo contener del todo en la ciudad. Fue madre de a lo menos doce crías y esclava por décadas de un trabajador y poco cariñoso patrón…marido perdón. Mi abuela paterna pasó por este mundo casi sin hacer ruido. Acumuladora tanto de recuerdos como de objetos, sabia como muy pocas; vivió siempre muy sola. En sus piezas (no le conocí nunca una verdadera casa) estaba siempre arrumbada junto a sus muñecas, juguetes, papeles marchitados que fueron importantes en otro tiempo y de cuadros con fotos de personas que ya no estaban.     Mi tercera abuela es la madre de mi medio padre. De ella me quedó su tremenda lucidez, sus finos modales y su rico lenguaje (aunque mi madre cuenta que cuando se trataba de ofender, había muy pocas capaces de hacerle frente).   ...

Dos gigantes generosos

  H ace muy poco escuché que Julio Cortázar ; "el gigante que no paraba de crecer" tenía acromegalia. Crecía 3 cm al año y por eso era, a sus 69 años, muy alto en relación a sus pares. Sabía desde hace muchos años que Manuel Rojas decía que medía 1mt.80cm cuando quienes le conocieron podrían jurar que media 2 metros. Ambos; el argentino-francés y el chileno-argentino han estado desde siempre en mi particular panteón de escritores predilectos. Todo cuanto escribieron quiero leerlo. A veces me permito comprarlo y leer una y otra vez aquellas generosas palabras que me han acompañado hace ya, mucho más de cuarenta años. Hoy es el día del libro. En el trabajo se estuvo celebrando durante gran parte del día. Yo casi no asistí a las celebraciones. Estaba sentado en la sala de profesores (los días martes únicamente hago una clase en sala y el resto del tiempo es para preparar material para las clases de la semana). Me acompañaron algunos textos favoritos en audiolibros. Escuchaba a...

Hombres

  L a vida nos termina por enseñar que aquello de los buenos y los malos, la mayor parte de las veces, tiene sustento nada más que en las historias que nos contamos desde tiempos inmemoriales, para ver si así podemos ser un poco mejor los unos con los otros. Por mi parte no tengo ningún interés en convertir a nadie en héroe o en villano; sin embargo, debo reconocer que sé muy poco acerca de mi padre. Él salió hace muchos años de la vida de mis hermanas y de la mía; nos visitó demasiado poco cuando fuimos niños y solo recuerdo que muy pocas veces podía contribuir con dinero para nuestra manutención, razón por la que incluso estuvo preso un par de veces.     Tengo un vacío demasiado grande detrás de su rostro. Casi no nos vimos ni hablamos por algo así como veinte años; sé muy poco de su infancia, de cómo se sentía con respecto a la historia incompleta que inevitablemente le pertenecía tanto a él como a nosotros. Mi mamá intentó no hablarnos nunca mal de él (al menos...