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Los poderosos

Hay gente que tiene mucho poder y lo defiende principalmente propiciando la ignorancia y el miedo. “Detrás de toda gran fortuna se oculta un crimen” escribió Honore de Balzac intentando explicar a los poderosos de comienzos del siglo XIX. Lo terrible de todo esto es que, de muchas formas, la frase siga siendo hoy en día bastante cierta. Los crímenes que cometen los poderosos son sutiles y muchas veces a vista y paciencia de aquellos que debiesen velar por los intereses de quienes les han asignado pedacitos de poder en el contexto de lo que aceptamos por democracia. Esta impunidad, la comodidad con que se puede quitar del camino a aquellos que ponen en riesgo sus intereses termina cada cierto tiempo por hacer sus crímenes evidentes.

    El peor error de los poderosos es su soberbia; creer que todos pueden ser comprados, que todos pueden ser amedrentados o enajenados de aquello que afecta a los más humildes o ignorantes. Están acostumbrados a pensar que el mundo que conocemos es y existe para ser usado y manipulado en favor de sus mezquinos intereses.

    A veces el poder no proviene del dinero, sino que es logrado por medio de la fuerza; el peor ejemplo de ser humano y a la vez el mejor ejemplo del perfecto tirano es aquel que piensa que las armas con las que cuenta, que la obediencia adquirida mediante el cohecho o el miedo le garantizaran aquel parcelado poder del que presume. Es verdad que no pocas veces naciones enteras sucumben ante el poder del miedo o del dinero; pero también, no pocas veces, también nacen hombres y mujeres que son capaces de levantar la vista por sobre las sombras de tan despreciables modelos de vida. Cuando aquello ocurre; las armas se debilitan, el miedo se diluye y brilla por un rato con más fuerza ese sol al que algunos no saben todavía cómo ponerle un precio.

 

 

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