El peor error de los poderosos es su
soberbia; creer que todos pueden ser comprados, que todos pueden ser amedrentados
o enajenados de aquello que afecta a los más humildes o ignorantes. Están
acostumbrados a pensar que el mundo que conocemos es y existe para ser usado y
manipulado en favor de sus mezquinos intereses.
A veces el poder no proviene del dinero,
sino que es logrado por medio de la fuerza; el peor ejemplo de ser humano y a
la vez el mejor ejemplo del perfecto tirano es aquel que piensa que las armas
con las que cuenta, que la obediencia adquirida mediante el cohecho o el miedo
le garantizaran aquel parcelado poder del que presume. Es verdad que no pocas
veces naciones enteras sucumben ante el poder del miedo o del dinero; pero
también, no pocas veces, también nacen hombres y mujeres que son capaces de levantar
la vista por sobre las sombras de tan despreciables modelos de vida. Cuando
aquello ocurre; las armas se debilitan, el miedo se diluye y brilla por un rato
con más fuerza ese sol al que algunos no saben todavía cómo ponerle un precio.
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