Con esto del Internet me pasa, no pocas veces, que veo una película antes de que se haga famosa. Me pasó con Parásitos, la que recomendé encarecidamente a una amiga que poco o nada sabía del cine asiático. Se la recomendé meses antes de que ganara el Óscar; porque entendía que una película como aquella caería muy bien a los cinéfilos occidentales a pesar de no ser la mejor película de su director.
Con Flow me pasó una cosa distinta. La vi porque me llamó la atención que no fuera de alguna de las grandes factorías de la animación y aun así se viera impresionante. Me gusta el cine mudo porque es comprensible independiente del idioma que se hable y lo mismo pasa con esta singular historia de animales encabezada por un singular gato gris oscuro.
Distintos tipos de humanos representados por distintos especies de animales. Música muy bella (esencial cuando no hay diálogos, aunque, no pocas veces, el silencio puede ser más significativo) y una animación que parece mucho más cara de lo que realmente es. Gitns Zilbalodis, y su equipo, dejan en vergüenza los presupuestos millonarios que gastan las nombradas factorías que no siempre hacen buenas películas pero se las arreglan para que arrasar con los premios y que todo el mundo conozca sus películas. La historia es simple pero muy profunda. Inspiradora y deja bastante en qué pensar.
No es muy común que algo que proviene de Letonia llamé la atención de Francia y de Bélgica. Lo que partió siendo un proyecto creado con un software de código abierto acabó siendo una coproducción que llamó la atención de culturas bastante distintas gracias a elementos que son comprensibles para cualquiera que se anime a vivir la experiencia.

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