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La vida es una loca de remate (VIII)

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C
uando el televisor, encendido en la pieza del lado, llamó mi atención con el boletín de último minuto que daba cuenta que Facundo Cabral había muerto asesinado en Guatemala, algo me fijó al catre que estaba en la pieza. Crucé el pasillo tratando de entender cómo era aquello de que había sido asesinado por unos sicarios. Paralizado pude constatar que aquello tenía que ser un error - no lo de la muerte, que no pocas veces habían dado al cantautor argentino por loco o por muerto – lo del asesinato por encargo; ¿Cómo podría ser explicado eso? ¿Quién mandaría a matar a quien no hacía otra cosa que hablar y cantar sobre la paz y la felicidad que debían buscar las personas? Quien iba con él en el auto baleado ofrece la respuesta. El empresario Henry Fariñas que llevaba a Facundo Cabral, y a su representante hasta el aeropuerto. Fariñas era un mafioso; un mafioso que tenía sus asuntos pendientes con otros mafiosos que decidieron cobrar sus cuentas en un pésimo momento, resultando quién no debía morir muerto. Fariñas oficiaba de empresario artístico, Facundo Cabral pregonaba no hacer diferencias entre las personas; es muy poco probable que el cantautor argentino imaginara que este amigo sería quien quedando levemente mal herido, le otorgara el epílogo más injusto posible a su vida de pesares y redención.   

 

** 

    Una vez escribí un poema que titulé La vida no es una película de Robin Williams: lo escribí porque enfrentados a la vida, esa que no pueden de ninguna manera abarcar las películas, existe la posibilidad de que nos desilusionemos un poco. Por entonces no podía siquiera imaginar que la vida no era una película de Robin Williams ni siquiera para Robin Williams. Él que entregó tanta alegría, ternura y fortaleza en la mayoría de sus películas tuvo que padecer una enfermedad que lentamente lo fue desgastando, al grado de llevarlo a acabar con su vida después de una muy larga y silenciosa batalla.

    La enfermedad mental que padecía al momento de terminar con su vida, no fue más que otro epílogo de una vida que poblada de sufrimientos, fue aprovechada para entregar algo a los otros. En este caso: alegría, ternura y fortaleza; una necesaria cuota de locura fílmica, que es esperable, debe haber influido en tantos que vivieron momentos de tristeza, injusticia y soledad.

    La vida cada vez parece ser que no es un regalo de ningún dios, ni una obligación imponible de ser felices; es lo que tenemos, de nosotros depende darle un sentido a nuestra propia vida; vida que como dice otro de mis versos es sólo un momento, el camino tomados de la mano de la muerte sí que es largo; así que tenemos que dejarnos de perder el tiempo.



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