Ir al contenido principal

Entradas

Necesidad del otro

D espués de tantos días de preocupaciones; unas justificadas y otras sencillamente absurdas necesito darme un respiro.  Necesito con urgencia una masajista que conozca las secretas técnicas que desanuden los rincones más inhóspitos de mi espalda.  Necesito reírme sin un motivo en particular y oír música alegre, compartir que a pesar de tantas cosas que pasan estamos todavía en pie.  Leer y aclarar que mientras más leemos, más humanos nos volvemos, que nos hacemos preguntas y que definitivamente no vamos a aceptar el mundo así como nos lo presentan. No siempre lo recuerdo, pero tengo un montón de gente que me quiere, gente imprescindible que anda por allí, los más soñando, los menos envidiando.  La gente que me nutre es gente noble; gente que con poco dinero sabe hacer de una simple comida una fiesta.  También conozco a algunos que siempre están aproblemados y sin embargo siguen andando, esperando y hasta a veces cantando. Necesito y necesitamos ...

¿Y ahora qué...?

M i país peca a menudo de soberbia. Sus líderes, habituados a la buena vida se desenvuelven seguros entre otros líderes; creen sus propias mentiras y en su engaño engañan además a quién no conoce al país verdadero. No estamos en condición de ser modelo de nadie, aquí, como en la mayoría de las economías desarrolladas o en vías de desarrollo, como siempre los ricos se hacen más ricos…los pobres ya no son tan pobres, porque quizás para aliviar la conciencia, los que son dueños del dinero o del poder (que cada día son más la misma cosa) buscan infinitos mecanismos para evitar que el pobre exista; pero lo evitan mal. Dan bienes materiales y descuidan la salud y la educación, logrando por supuesto que la economía crezca y enriquezca a quienes son los dueños de todo y así ellos establecen soluciones mercantiles a la pobreza . Mi país crece, no cabe duda, y los recursos naturales se venden a muy buen precio. Se construyen carreteras, puentes, hospitales y escuelas. Se presentan millonar...

Dolor

A nte un dolor profundo, las palabras que no ayudan sobran. Los recuerdos dolorosos suelen regresar envueltos en nostalgia. Vivimos dolores y alegrías. Pero sólo nos marcan los dolores. Los hijos pequeños traen preocupaciones. Los hijos grandes suelen traer dolores. Hombres mutilados, como algunos árboles, siguen dando frutos. El dolor del parto se atenúa frente al milagro del hijo. Dos personas bastan para reír. Pero una sola para llorar. Soy feliz dando más de lo que pido. Pero sufro si me brindan menos de lo que pido. Cuando el artista sufre su propio dolor, le cuesta más interpretar el dolor. José Narosky Luces, nuevos aforismos y...

Tomados de la mano

En el norte está haciendo mucho frío. En el centro llueve, llueve como nunca y el viento se lo lleva todo, incluso lo que no debe. En el sur la tierra se mueve, brusca, inusitada estremeciéndose vengativa, botando lo que se levanto sobre barro. Hoy son muchos los que sufren, hoy son muchos los que temen, muchos los que han vuelto al origen de todo acto humano, al más primitivo impulso del que siente miedo, del que se sabe indefenso ante lo por venir. Siempre hemos sido frágiles; todavía no entiendo porque algunos lo olvidan tan fácilmente, por qué se sacuden de los afectos y se refugian en la seguridad de su prepotencia. ¿por qué no solo escuchar?, ¿por qué no darle importancia a lo que verdaderamente importa?, ¿por qué no preocuparse por el otro aunque el otro reaccione con una imperfecta esquizofrenia? Por qué no vivir en el amor sin necesitar del miedo. Ni toda nuestra tecnología puede aún defendernos de algo tan antiguo como las manifestaciones de la naturaleza, ni todo el prog...

Recuento de daños

Q ué angustiante es la necesidad y la tristeza cuando no puedes hacer nada en un momento determinado por los otros. No puedes a pesar de tu serenidad dar consuelo a quién todo lo pierde. No puedes salir corriendo y levantar los escombros que nuestra ignorada fragilidad ostenta a modo de mensaje sobre el suelo. Ves gente temblando ante la sola idea de que algo peor ocurra, ves niños jugando entre colchones y muebles asilados junto a sus madres en las plazas públicas, ves turbas desesperadas intentando conseguir articulos de primera necesidad pues ya ha sido mucha la angustia y la espera y vez lo que creías que solo era posible en países desesperados ante la miseria y piensas que tal vez ahora se comprenderán mejor los días, las semanas, los meses y los años en que algunos países viven sumidos en esta angustia, en esta necesidad de pan y abrigo. Pero ves además lo que no quisieras ver; ves a quienes corren para saciar su inacabable hambre de venganza social, ves a quienes ocultan e...

Sólo un cambio de estación

D e a poco, muy lentamente mi pueblo fue cambiando. Después de años de creer que nada pasaba, que el peso de la rutina nos seguiría aplastando día a día contra el polvo del suelo, casi sin mirarnos a la cara, dudando en cada instante, aguardando el zarpazo que habría en algún momento de rasgarnos la sensible tela de los sueños. Algunos amábamos a pesar de que no se suponía conveniente, algunos escalaban posiciones a pesar de que no nos parecían competentes, algunos sembraban el veneno tan solo para desprenderse de tanta amargura que llevaban dentro; y otros, sin importarles en lo más mínimo el paso del tiempo, como si vivir fuera agua que por si misma va decantando. Hubo entonces que elegir a quien gobernaría como lo veníamos haciendo hace tanto tiempo. La mayoría tomaba partido y nosotros desorientados como nunca como temiendo equivocarnos con el voto…las desvergonzadas ambiciones que sedientas se arrastraban camino hacía el poder no nos convencían entonces ni lo hacen hoy ni...

Desolación

H ace muchos, pero muchos años leí un libro; desbordaba conceptos íntimamente amargos y religiosos. Su autora, la señora seria de la que nos hablaban tanto las profesoras de nuestras escuelas básicas. “La poeta de los poemitas para niños”, “la maestra rural”…tanta ignorancia en los conceptos, tanta injusticia para con una que se reveló desde muy temprano al sentido del rebaño; que cruel y amargo libro. Desolación (1922) de Gabriela Mistral es, no cabe duda, una obra maestra; áspera, difícil, poco explotable en lo político o en lo comercial pero obra maestra al fin y al cabo. Sus poemas hablan del dolor en primera persona, sin intentar siquiera generalizar emociones. Son los verdaderos dolores, las soledades y las luces de su joven autora. Poesía profundamente intima. Cómo no citar L os sonetos de la muerte que tanto honor y reconocimiento le ha granjeado entre los entendidos a su autora. Autora que nunca brilló en su propia tierra; de hecho, éste, su primer libro fue editado...