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En algo hay que creer (II y III)

II  S egún avanzaron los años y los siglos; según los hombres y las mujeres se atrevieron a pensar por sí mismos y el raciocinio develó los pobres argumentos de quienes defienden las distintas perspectivas de la fe, las religiones comenzaron a ser menos poderosas. Escribo menos porque como institución tan propia de las civilizaciones les sigue otorgando una incomprensible importancia a los dogmas.     Poco importa en qué lugar del mundo, aquellas verdades de las que presumen quienes, disfrazados de ovejas, simulando su natural agresividad, continúan determinando el libre albedrío de los otros y las otras. Otorgo que cada vez son menos aquellos que conservan la fe de sus mayores, que ante los irrefutables argumentos de la ciencia es muy difícil mantener aquello que se cree o que conviene creer, pero no puedo evitar pensar en que la fe es un pilar que, aunque momentáneamente ignorado, permanece inalterable como sustento de la condición humana. III     ...

En algo hay que creer

* C on una madre que encontró toda la fortaleza que necesitaba para salir adelante con dos hijas y un hijo, sin estudios y con una casa por pagar, en la fe hacía el Dios del que le había hablado su propia madre. Con hermanas que buscaron pertenecer, con suertes dispares, no sólo a una sino o dos o tres iglesias, sería un despropósito asegurar que me mantuve ajeno a las religiones en mi infancia.     Mi mamá nunca nos impuso sus creencias religiosas; alguna vez nos llevó a un par de iglesias para que supiéramos de los evangelios, pero nunca impuso obligación alguna con respecto a creer o a no creer.    Por otra parte, estaba nuestro medio padre; él vociferaba su ateísmo, la improbabilidad de que se alcanzara el bienestar de todos los hombres, mujeres y niños de otra manera que no fuera el comunismo. Tampoco nos impuso nada.     Tanto la una como el otro profesaban su fe para sí mismos, con miedos propios y esperanzas que nunca se cumplieron d...

Especiales hallazgos (II)

C uando vi la foto de Han Kang en el articulo que informaba que ella era la ganadora del premio Nobel de literatura de este año debido principalmente a su libro "La vegetariana" me entraron unas ganas inexplicable de leer ese libro. No me había pasado nunca; bueno, no me había pasado nunca tampoco que encontrara la foto de alguien que se hubiese ganado el Nobel tan atractiva. Me gustó la escritora y me volo la cabeza su libro. Puede que sean las horas más estremecedoras que en que haya tratado de respirar en lo que respecta a este año. Minimalista y certera al grado de sacudir al lector con las palabras precisas al momento de decir lo que ella quiere decir. Normalmente uno recuerda historias como estas desarrolladas en gruesos volúmenes que marcan nuestras vidas (la obras de Fiodor Dostoyevski o las de Víctor Hugo, por nombrar a penas a dos de los nombres que se esgrimen cuando se habla de literatura superior). En este caso bastan algo así como ciento veintitrés páginas. ...

Especiales hallazgos

R ecuerdo que los diarios y los noticieros de la televisión acostumbraran hacer resúmenes sobre los principales hechos ocurridos en el año cuando faltaban pocos días para terminar el año. Eso voy a hacer este último mes de este 2024 que ha venido a ser un año de "especiales hallazgos".  Comenzaremos por Emil Cioran. Escritor y filosofo rumano que vivió, murió; luego volvió a vivir y a morir entre 1911 y 1995. La muerte era una obsesión para este hombre de un humor oscuro y una oratoria clara a la vez que desesperanzada. Gran parte de su obra se publicó en francés, lo que podría llevar a confusiones (como la manera en la que algunos escriben o dicen su nombre; Émile Cioran. Sus obras, conjunto de aforismos en su mayoría, son un agridulce tratado de decepciones e ironía.  Este "provocador" no se veía así mismo ni como un filosofo ni como un escritor; sin embargo filosofaba y escribía libros a los cuales usaba como excusa para aplazar el suicidio. Contradiciéndose libr...

Prosas de barro

E ste era un gran año para publicar una novela que en la que vengo trabajando desde 2018. Cumplí cincuenta años y quería celebrarlos publicando un libro que espero quede bueno...pero, al parecer no aún el momento. Hace algunos meses confirme mi participación (por segundo año consecutivo) en La Feria Internacional del Libro y necesitaba presentar un libro nuevo que llenara, aunque solo fuera ligeramente, el vacío que me causaba el no haber sido capaz de terminar, ahora sí, el libro que espero tener listo para el próximo año. Fue entonces que, al igual que lo había hecho con los poemas políticos en No hay perdón para el olvido, publiqué una compilación de prosas. El titulo Prosas de barro me viene siguiendo desde mis primeros escritos; en esta compilación algunas de las antiguas prosas han sido reescritas desde una perspectiva un tanto distinta a la que tenían cuando fueron originalmente escritas. Incluí algunas que sentía que antes no estaban listas para ser hechas publicas y ahora sí. ...

Buster Keaton; A Hard Act To Follow

B uster Keaton era, en la acción, lo que Charlie Chaplin era en la sensibilidad. Inexpresivo a la vez que plástico y casi irreal en lo que se refiere a los riesgos que corría con la finalidad de ofrecer una buena película. Esta miniserie inglesa que se puede encontrar como un documental, dividido en tres partes, busca honrar aquel increíble legado de risas basadas en situaciones lo mismo absurdas que peligrosas. Keaton era un genio, un genio muy mal aprovechado cuando apenas comenzaba a repuntar una carrera que, de seguir creciendo, pudo haber puesto en serios aprietos al reinado de Chaplin en lo que respecta al cine mudo. A través de las casi tres horas de material expuesto pueden ser mucho mejor entendidas las malas decisiones, los problemas familiares y la tan mencionada dependencia del alcohol que suele ser señalada como la causa de la perdición de uno de los mejores creadores cinematográficos de todos los tiempos. Desde su carrera infantil y hasta sus postreras apariciones en tele...

El cuento de la princesa Kaguya (2013)

M e  acordé de La novela de Genji cuando estaba viendo esta película. La belleza de la pintura con acuarelas, el sonido del koto y tradiciones que poco o nada tienen que ver con las de las civilizaciones occidentales. También me sentí fascinado por la posibilidad de ver una película de Isao Takahata distinta con respecto a su animación más característica. La historia de la pequeña princesa que un campesino encuentra en una caña de bambú es hermosa lo mismo que trágica. Ya sé que hablamos del director de La tumba de las luciérnagas y principal responsable de las desventuras vividas tanto por Heidi como por Marco (ojala tengan la edad para entender el chiste). La niña que nació en un bambú crece muy rápidamente, con facilidad cautiva a todos cuantos la conocen y podríamos decir que vive una infancia pobre pero muy feliz. El hallazgo, por parte del padre, de riquezas en otras cañas de bambú es entendido como la señal inequívoca acerca del destino de la niña; entonces es trasplantada...